ACEITES ESENCIALES: es moda o funcionan?

Todos hemos visto el boom de los aceites esenciales a través de Instagram desde inicios del año y a lo largo de la cuarentena. Si todavía no sabéis exactamente qué son, de dónde vienen o para qué se utilizan, habéis llegado al lugar indicado. A continuación os dejamos una entrevista con Andrea Regla de Aventura de Bienestar, wellness advocate certificada de Doterra basada en Barcelona, España, donde nos cuenta todo lo que necesitamos saber acerca de los aceites esenciales y lo que dice la ciencia acerca de ellos. 

¿Qué son los aceites esenciales ? ¿De dónde vienen?

Los aceites esenciales son compuestos aromáticos volátiles y puros que se encuentran alojados de forma natural en las plantas en su tallo, hojas, raíz, fruta. Científicamente hablando, proporcionan a las plantas su aroma característico tal y como las conocemos. Seguro has caminado por un campo de lavanda o has frotado una hoja de menta o hierbabuena en la palma de tu mano, ese aroma característico que emanan se genera desde una pequeña cantidad de aceite esencial. También les brinda protección contra los depredadores u otras influencias amenazantes y promueve una reproducción saludable de la planta que, a su vez, contribuye a atraer polinizadores, así como en otros procesos vitales del desarrollo de la planta.

Los aceites esenciales se extraen de las plantas mediante procesos de destilación variados, dependiendo del lugar de la planta donde se encuentren alojados. Por ejemplo, los aceites esenciales cítricos se suelen extraer a través de destilación mediante prensado en frío, mientras que los aceites esenciales florales suelen extraerse mediante destilación a vapor.

Es cierto que toda la vida de la planta en sí misma (e.g. condiciones climatológicas, terreno, cuidado, cero pesticidas) es clave para conseguir un aceite esencial de alta calidad y de grado terapéutico puro, pero una parte clave de todo esto es el proceso de destilación. Es un proceso fundamental para conseguir un aceite esencial de alta calidad; muchos aceites esenciales en el mercado se extraen usando prácticas que hacen que el aceite sea impuro, no terapéutico y que en definitiva pierda cualidades.

 

¿Cómo funcionan?

Siempre he pensado que es más fácil entender el “background” del aceite esencial para entender cómo funcionan en nuestro cuerpo. Les explico con un ejemplo: El aceite esencial de Tea Tree “Melaleuca alternifolia”. El Melaleuca alternifolia es un árbol pequeño que normalmente crece a lo largo de arroyos y zonas pantanosas de Australia, donde el clima es constantemente cálido y húmedo. Imagínense la variedad y cantidades de microbios que crecen en un área con esas características y el caldo de cultivo natural que esto crea para el moho, los hongos y las bacterias. Una planta que crece en este terreno debe tener un sistema inmunológico interno fuerte para sobrevivir y prosperar (producir y reproducir) y aquí es cuando cobra importancia la composición química natural del aceite esencial que se extrae de esta planta: son naturalmente antisépticos, antibacterianos, antifúngicos y analgésicos por naturaleza.

Dado que los seres humanos somos ‘carbon-based’ ​​-al igual que las plantas-, los aceites esenciales extraídos son compatibles y beneficiosos con los sistemas de nuestro cuerpo y, dependiendo de sus propiedades, lograremos un resultado u otro. Como comentamos al principio, en vista del ecosistema en el que se desarrolla el aceite esencial de Tea Tree, sus compuestos aromáticos ayudan a proteger a su árbol de los microbios peligrosos inherentes a su entorno y de la misma forma podemos utilizarlo nosotros para, por ejemplo, fortalecer la protección contra microbios, hongos y bacterias en nuestro propio ecosistema.

Gracias al tamaño de sus compuestos activos, increíblemente pequeños a nivel molecular, los aceites esenciales atraviesan fácilmente las capas dérmicas de la piel, se absorben directamente en el torrente sanguíneo y, eventualmente, penetran nuestra membrana celular, lo que los hace esencialmente accesibles y transferibles a lo largo de nuestro cuerpo.

¿Cómo podemos aplicarlos? ¿Cuáles son las distintas formas de utilizarlos? ¿Algunos son peligrosos? ¿Todos se pueden utilizar de la misma forma?

Los aceites esenciales de dōTERRA tienen una característica única en el mercado de aceites esenciales y es el Certificado de Grado Terapéutico Puro (CPTG por sus siglas en inglés). La pureza de un aceite esencial es su característica más importante. Cuando un aceite esencial está adulterado, contaminado o su proceso de desarrollo natural se ha visto afectado de alguna manera, puede volverse menos efectivo e incluso puede ser peligroso. El proceso CPTG consiste en diversos exámenes altamente rigurosos en cada lote de aceite esencial (junto con pruebas de terceros) y están hechos para garantizar la calidad, pureza y cero contaminantes ni sintéticos.

Podemos utilizar la mayoría de aceites esenciales de forma segura, y con el asesoramiento de un Wellness Advocate capacitado, de tres formas:

1. Aromáticamente: el mismo término ‘aromaterapia’ se deriva del hecho de que los aceites esenciales son, por naturaleza, aromáticos. Sus aromas pueden provocar casi inmediatamente un sinfín de respuestas fisiológicas, mentales y emocionales. Cuando una persona inhala un aceite esencial, las moléculas de aceite suben por nuestras fosas nasales y de ahí, se encuentran con los receptores del cerebro. Esto significa que el aceite esencial en sí no se envía al cerebro, sino que se convierte en un mensaje de la química compleja que los compone. Este mensaje se traduce en nuestro sistema límbico, que nos ayuda a vincular nuestro sentido del olfato con nuestra capacidad para ‘aprender’ emocionalmente y es cuando, casi inmediatamente, la información aromática genera una respuesta emocional en nuestro cuerpo. 

Para utilizarlos aromáticamente, puedes hacerlo con el uso de un difusor, frotando una gota de aceite esencial en la palma de nuestras manos o con el uso de un Spray, son algunas de las formas más comunes, aunque la más sencilla es simplemente abriendo la botella e inhalando directamente. El uso aromático es uno de mis favoritos, ya que me permite recibir sus beneficios constantemente a lo largo del día, logro purificar el aire de mi casa, crear un ambiente agradable e incluso relajarme al momento de meditar o dormir.

 

2. Tópicamente: Ideal para ‘enfocarnos’ en un área concreta, el uso tópico de los aceites esenciales es clave para múltiples situaciones y son rápidamente absorbidos por nuestra piel hasta llegar a nuestro torrente sanguíneo (siendo ésta una de las razones por las que es clave conocer la calidad del aceite esencial que aplicamos). Al hacer uso tópico de aceites esenciales de alta calidad, podemos aplicarlos en nuestra piel puros o diluidos en otro aceite portador, todo con el asesoramiento de un Wellness Advocate capacitado para apoyarte.

Ahora, hablemos de la dilución: los aceites esenciales son liposolubles, lo que implica que se diluyen bien en otra sustancia grasa, en este caso, recomendamos hacer uso de lo que llamamos ‘aceite portador’, por ejemplo, aceite de coco fraccionado. Ahora, ¿por qué diluimos? Evitamos sensibilidad en la piel y logramos prevenir la evaporación del aceite esencial que aplicamos. Para las personas con piel sensible, niños y adolescentes, la dilución no es sólo recomendada sino necesaria y el porcentaje de aceite portador que utilizamos dependerá de diversos criterios. 

Algunos de los aceites portadores más típicos son: aceite de coco fraccionado, aceite de jojoba, aceite de almendras, aceite de aguacate, entre otros. El aceite de coco fraccionado suele ser mi favorito para la mayoría de ocasiones por varias razones: es líquido, incoloro e inodoro, lo que permite recibir -a su vez- los beneficios de los aceites esenciales de forma aromática. La cantidad de aceite esencial dependerá de las circunstancias personales de cada uno. Lo que sí es común al hacer uso tópico de los aceites esenciales es empezar de menos a más.

 

3. Internamente: Así como en ocasiones ingerimos plantas frescas, las incorporamos en nuestros platos secos como hierbas, se usan en infusiones de agua caliente, se toman internamente para beneficios terapéuticos y se usan para mejorar el sabor de los alimentos, los aceites esenciales se pueden ingerir con estas mismas finalidades. Aunque aún no lo sepas, consumimos aceites esenciales cuando comemos alimentos que naturalmente poseen el aceite esencial, sólo que en cantidades muy bajas. Cuando se destilan plantas para la extracción de sus aceites esenciales, las propiedades se concentran y por eso una gota de aceite esencial 100% natural y puro es mucho más potente que una hoja de la planta en sí misma. Por ello, deben usarse pequeñas cantidades cuando se toman aceites internamente.

Los aceites esenciales llegan fácilmente a todos los órganos del cuerpo a través de nuestras células para luego ser metabolizados por el hígado. El uso interno de aceites esenciales es la forma más potente de utilizarlos y se debe seguir la dosis adecuada de acuerdo con las recomendaciones de etiquetado y otras pautas de personas calificadas para evitar un uso excesivo e incluso toxicidad. Al igual que los aceites esenciales, la mayoría de los alimentos que ingerimos pueden ser tóxicos en dosis excesivamente altas. Algunos usuarios tradicionales de aceites esenciales afirman que el uso interno de los aceites esenciales no es seguro. Sin embargo, la investigación moderna, así como el uso interno por cientos de miles de usuarios durante muchos años, indican que el uso interno de aceites esenciales 100% puros y naturales y de alta calidad -siguiendo las pautas de dosificación adecuada y segura- es perfectamente seguro.

¡Es importante asesorarte bien y con personas expertas que tengan toda la capacitación necesaria para saber qué, cómo y cuánto utilizar!

¿Qué dice la ciencia de los aceites esenciales? ¿Funcionan realmente?

No hay estudios concluyentes que indiquen que los aceites esenciales curan enfermedades. En muchos casos funcionan, en otros no sucede lo mismo y por eso, para dar respuesta a esta pregunta, hay que distinguir dos bloques: es distinto referirnos al uso de los aceites esenciales cuando buscamos ‘curar’ enfermedades vs. ‘lidiar con’ síntomas y/o enfermedades.

Para hablar de la efectividad de los aceites esenciales y si realmente funcionan en nuestro cuerpo, debemos referirnos a aceites esenciales de grado terapéutico, 100% naturales y puros, como los de dōTERRA. Es importante que sepan que no todos los aceites esenciales cuentan con estas características y, por supuesto, el resultado será distinto.

Pongamos el ejemplo del aceite esencial de lavanda: tenemos muchísimas pruebas que sí concluyen que el aceite esencial de lavanda ayuda a las personas a relajarse, a reducir dolor y como antiinflamatorio natural. Incluso muchos estudios agrupan un gran número de personas con condiciones similares y tratan la mitad con aceite esencial de lavanda, mientras que la otra mitad es tratada con un analgésico convencional. El resultado de ambos grupos fue el mismo resultado, con la diferencia que en un caso utilizaron un producto 100% natural y en el otro productos químicos. ¿Qué mejor que obtener los mismos resultados ante una inflamación, dolor o estrés, utilizando productos 100% naturales, regalos de la naturaleza?

Entonces, no me afirmo que, en cualquier caso y en todos los escenarios, los aceites esenciales ‘curan’ enfermedades. Pero sí me siento cómoda afirmando que los aceites esenciales son aliados ideales para acompañar en el proceso curativo de una enfermedad.

Les explico con un ejemplo: Imaginémonos una persona que está atravesando un tratamiento de quimioterapia. Los aceites esenciales en ningún caso podrían sustituir los productos utilizados en un tratamiento de este estilo, pero sí pueden ayudar a mejorar algunos síntomas o ‘side effects’ generados por ese tratamiento. Muchísimos centros oncológicos a nivel mundial están apoyándose en la aromaterapia -por supuesto, con aceites esenciales de alta calidad-, para mejorar la calidad de vida de los pacientes con cáncer, que atraviesan tratamientos tan complejos e invasivos como la quimioterapia. Algunos ejemplos de cómo pueden ayudar: pueden ayudar a reducir las náuseas generadas por dichos tratamientos, pueden ayudar a relajar y reducir el estrés que ocasiona la situación en sí misma, pueden apoyar a que la persona tenga un descanso de calidad, puede ayudar a subir el ánimo. Por supuesto, son una herramienta que ayuda a acompañar en el tratamiento, pero no son los protagonistas en sí mismos.

Con esto, insisto, no quiero que en ningún momento se interprete que al sugerir el uso alternativo de soluciones naturales ‘desmeritamos’ a la medicina convencional porque siento que es completamente necesaria en todos los sentidos. Sin embargo, sí me parece muy sensato y correcto apoyarnos en alternativas naturales siempre que sea posible (y responsable) antes de recurrir a los tratamientos convencionales, mientras obtengamos un resultado positivo y beneficioso. Además, considero a los aceites esenciales grandes aliados para acompañar en situaciones complejas a nivel emocional o a nivel físico.

Debo decir que no a todos nos funciona lo mismo. Nuestros cuerpos pueden reaccionar distinto a tratamientos médicos y, por supuesto, a los aceites esenciales. Lo que a mí me funciona no necesariamente le funcionará a los demás, pero la buena noticia es que hay miles de alternativas. Si sólo existiera el aceite esencial de lavanda como ‘relajante natural’ tendríamos un problema. Aunque la probabilidad indica que te funcionará, en caso contrario, ¡existen muchísimas alternativas más! Lo importante es saber cuándo parar, a qué otra opción recurrir y tener la paciencia y disposición hasta encontrar la mejor solución para ti. ¡Sólo es necesario tomar la decisión de vivir un estilo de vida más natural!

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