¿Los antidepresivos funcionan? Descubre cuándo es indicado tomarlos y por qué

Por Mariángela Velásquez

La depresión es una enfermedad. Se trata de un trastorno común y la principal causa de discapacidad planetaria, según la Organización Mundial de la Salud. 350 millones de personas que actualmente están deprimidas en el mundo no están tristes. Padecen un desequilibrio que les quita las ganas de vivir, los hace sentirse inútiles y desesperanzados.

La depresión es una enfermedad sistémica que afecta todos los aspectos de la vida de un individuo, no sólo su estado de ánimo. Les impide concentrarse en el trabajo o los estudios, afecta el sueño, el apetito, los hábitos de higiene, las relaciones sociales y familiares, empeora otras condiciones médicas y en los casos graves puede llevar hasta al suicidio.

El asunto está en saber diferenciar si lo que tenemos es un malestar emocional o un problema de salud mental.

Las emociones nos ayudan a adaptarnos a las situaciones del entorno. Por ejemplo, la tristeza nos protege y nos ayuda a recuperarnos ante una pérdida afectiva o cuando estamos atravesando una gran adversidad. Sentirnos tristes al perder un trabajo, migrar o luego de la muerte de un ser querido es una respuesta emocional sana.

La mayoría de las personas navegarán por esas turbulencias emocionales sin enfermar. Pero otras no contarán con las herramientas para estabilizar sus emociones y necesitarán ayuda profesional para recuperar su calidad de vida.

Los fármacos y la depresión

En la era de la inmediatez, solemos ver posiciones extremas con respecto al uso de medicamentos para tratar trastornos emocionales. Hay quienes quisieran resolverlo todo con pastillas mágicas y hay quienes se niegan a rajatablas a tomar fármacos, aferrados a la fantasía de que podrán controlar cualquier desequilibrio con alimentación, ejercicios y respiración.

Los psiquiatras piensan que es necesario eliminar los estigmas sobre la salud mental y también sobre la tan cacareada felicidad. Los médicos no prescriben medicamentos para fabricar falsos sentimientos de bienestar sino para estabilizar severos desequilibrios neuroquímicos en el sistema nervioso de sus pacientes.

Y los casos moderados y severos de depresión reúnen los criterios médicos para recetar medicamentos.

La psiquiatra Elena Benítez Cerezo asegura que de la misma manera en que los diabéticos necesitan de la insulina, las personas con un trastorno mental como la depresión necesitarán tomar medicamentos.

Para explicar la importancia de la medicación en una persona con depresión mayor, Benítez Cerezo usa el ejemplo de una persona que no sabe nadar y cae en un río. “Lo primero que tenemos que hacer es sacarle de ese río para que no se ahogue”, refiere la especialista para explicar el momento en que hay que usar el tratamiento farmacológico.

“Y luego, en una segunda instancia, tenemos que enseñarle a nadar por si se vuelve a caer sepa por lo menos sacar la cabeza", dice al referirse al proceso psicoterapéutico.

La psiquiatra advierte que un antidepresivo no es una píldora de la felicidad. No surtirá efecto en una persona que no cumpla con los criterios clínicos para tomarlos.

La psiquiatra Solángela Méndez Azcurra coincide en que los antidepresivos funcionan y mejoran la calidad de vida del paciente que necesita tomarlos.

“El paciente pasa de tener una vida metido en casa, donde está siempre de malhumor, no hay expectativa de vida, ni le encuentra sentido, y luego del diagnóstico la calidad de vida va a mejorar. Esa mejoría del paciente tendrá un impacto en las relaciones sociales, familiares, en sus relaciones laborales y en su producción económica”.

Méndez Azcurra dice que el tratamiento puede ser complementado con psicoterapia, “pero en el caso de los pacientes con una depresión moderada o severa el uso de antidepresivos es indispensable para su recuperación”.

La importancia del diagnóstico

Méndez Azcurra afirma que el primer paso para saber si un paciente debe ser medicado es hacer un buen diagnóstico.

“Lo primero que hay que hacer es una evaluación clínica del paciente para determinar si la depresión es leve, moderada o severa y así poder hacer el plan terapéutico, que puede incluir solamente psicoterapia, psicoterapia con tratamiento farmacológico con antidepresivos y algunas otras intervenciones que pueden requerir hospitalización, en caso de que sea necesario”.

Explicó que cuando el ánimo no mejora con los antidepresivos, el médico tiene que hacer una revisión del diagnóstico, para determinar si el paciente verdaderamente estaba deprimido o tiene algún otro diagnóstico distinto que está haciendo que el antidepresivo no funcione.

“Porque, por supuesto, si no está deprimido el antidepresivo no le va a funcionar. Entonces hacemos una revisión diagnóstica. Es probable que este paciente tenga un diagnóstico distinto a un trastorno depresivo y tengamos que cambiar la farmacoterapia”.

Una posibilidad es que el paciente tenga una depresión reactiva por una situación externa que no puede manejar de una manera adecuada. Y con psicoterapia y con la mejoría de esa situación que lo afecta, el paciente va a mejorar.

“Indistintamente del uso o no del antidepresivo, hay que estar muy claro en el diagnóstico. Si hacemos diagnósticos errados, el paciente no va a mejorar. Siempre hay que estar atentos a las revisiones diagnósticas o las revisiones de dosis o de tipos de antidepresivos. A veces no estamos usando las dosis adecuadas o el antidepresivo tampoco es el adecuado”.

Antidepresivos: 70 años de historia

Al resumirnos la historia de los antidepresivos, Méndez Azcurra reconoció que su inicio en la década de 1950 fue “azaroso” porque no fueron diseñados específicamente para combatir la depresión. La iproniazida fue desarrollada como un medicamento para tratar la tuberculosis. En 1952, los investigadores detectaron que no solo combatía la enfermedad, sino que mejoraba el estado de ánimo de los pacientes con tuberculosis que también habían sido diagnosticados con depresión.

En ese momento surgieron los primeros fármacos para tratar los problemas del ánimo que llamaron antidepresivos inhibidores selectivos de la monoaminooxidasa (IMAO), porque actuaban sobre un tipo de neurotransmisores llamados monoamina.

Unos años más tarde, en 1956, investigadores suizos encontraron durante sus ensayos clínicos que un agente antihistamínico conocido como imipramina no sólo mejoraba las alergias de los pacientes sino también sus síntomas depresivos. A ese segundo tipo de fármacos se les llamó posteriormente antidepresivos tricíclicos.

Estos avances fueron posibles porque los científicos ya conocían desde 1920 el concepto de neurotransmisor desarrollado por el alemán Otto Loewi y, posteriormente, por el español Santiago Ramón y Cajal, quienes abrieron el camino de la neurociencia y la neuroquímica cerebral.

Los neurotransmisores químicos son moléculas que se encuentran en nuestro cerebro de manera habitual, y cuando la estimulamos o inhibimos observamos una respuesta. La adrenalina, la noradrenalina, la serotonina, la dopamina son ejemplos de esos neurotransmisores, aunque más recientemente también se habla de neurotransmisores gaseosos como el óxido nítrico.

Hasta mediados del siglo pasado el único tratamiento posible para los pacientes deprimidos era con psicoterapia. Pero gracias al desarrollo de fármacos que inciden en el comportamiento del paciente, comienza el estudio propiamente de los medicamentos a nivel cerebral e impulsa el campo de la farmacología con antidepresivos.

En la década de 1980 aparecen los antidepresivos selectivos de la recaptación de la serotonina y los inhibidores de la recaptación de la serotonina-noradrenalina y dopamina.

Méndez Azcurra considera que esos hallazgos abrieron una puerta importante en el tratamiento de los trastornos depresivos porque son medicamentos altamente eficaces con efectos secundarios mínimos.

“Podemos elegir cuál es el más favorable para cada uno de los pacientes, según los síntomas que presenten además de la depresión. Entonces tenemos medicamentos que podemos usar en pacientes deprimidos con trastornos de sueño, o con pacientes deprimidos que también presentan trastornos de la alimentación. Ya tenemos una gama bastante diversa para elegir”.

¿Cómo funcionan los antidepresivos?

El mecanismo de acción de la mayoría de los antidepresivos permite que las personas tengan más neurotransmisores disponibles (noradrenalina, serotonina o dopamina) en el espacio intracelular.

Los investigadores han encontrado una relación estrecha entre el desequilibrio de los neurotransmisores y la aparición de trastornos de ánimo. “En este caso estamos hablando de depresión, pero también se puede vincular el desequilibrio de neurotransmisores con la aparición de enfermedades como trastornos de ansiedad, trastorno bipolar o la psicosis, entre muchas otras”, dijo Méndez Azcurra.

Los antidepresivos se usan para que la célula tenga una mayor cantidad de neurotransmisores disponibles y estabilice la función cerebral.

Lo ideal es que un tratamiento con antidepresivos esté acompañado con psicoterapia, porque el paciente comenzará a sentir sus efectos a partir de la cuarta a sexta semana de la dosis indicada. Entonces durante ese mes y medio, el paciente va a necesitar apoyo y contención de manera regular para que no abandone el tratamiento y pueda mejorar.

Los psiquiatras aseguran que las últimas generaciones de antidepresivos tienen pocos efectos secundarios y no es cierto que todos producen sueño o ganas de comer, porque se ha logrado un efecto terapéutico más selectivo en los neurotransmisores que se desea mejorar.

Con respecto a la “desprescripción” de los fármacos, hay técnicas para ir retirando los medicamentos. “Hacemos una suspensión progresiva de los antidepresivos cuando vemos que el paciente ha mejorado y tiene al menos seis meses sin presentar ningún síntoma. Entonces podemos comenzar a retirarlos de manera progresiva”, explicó Méndez Azcurra.

 

La importancia de la psicoterapia

El psicólogo José Vicente Pestana explica que, en ocasiones, un psicólogo y un psiquiatra pueden trabajar juntos para tratar a pacientes con síntomas depresivos o ansiosos.

Por ejemplo, hay personas que acuden a la consulta psicológica con una depresión leve pero una gran ansiedad que le causa opresión en el pecho, dificultad para respirar o episodios de insomnio. En esos casos, Pestana considera que la medicación indicada por el psiquiatra debe aliviar el síntoma lo suficiente para que la persona pueda desenvolverse mínimamente. “Pero lo ideal es que la medicación logre aplacar el síntoma pero no ocultarlo”, porque si los medicamentos tapan los síntomas por completo no será posible trabajar en psicoterapia esas emociones vinculadas a la sensación física y el conflicto interno continuará.

Benítez Cerezo dice que su teoría personal es trabajar siempre desde la vinculación con el paciente. “Lo que sana a largo plazo es trabajar los aspectos vinculares. Los pacientes vienen con historias tremendas, con vínculos muy dañados y eso es un gran desafío, que el paciente confíe en ti en el peor momento de su vida".

Quizás lo más complicado del proceso de recuperación es que la persona se de cuenta que ha llegado la hora de buscar ayuda profesional. Y para determinar si nuestras emociones son saludables o nos causan malestar debemos evaluar su frecuencia, su intensidad y el grado de interferencia que tienen en nuestras vidas.

No pasa nada si nos sentimos tristes un día o una semana, a veces sin una razón aparente. Pero si esa tristeza se prolonga y comienza a interferir en tus actividades cotidianas es conveniente consultar con un profesional de la salud mental.

La opción holística

Pero no todas las personas deprimidas atraviesan un episodio de depresión mayor. La psiquiatra Ellen Vora dice que las personas que se sienten tristes, tienen una depresión leve, distimia, desorden disfórico premenstrual o un desorden afectivo emocional pueden mejorar su estado de ánimo sin medicamentos si se proponen a realizar profundos cambios en su alimentación y el estilo de vida.

Su primera recomendación es acostarse temprano. Vora asegura que la hora ideal para ir a la cama es las 10 p.m. porque hay estudios científicos que prueban que el cuerpo humano funciona mejor cuando nos acostamos tres horas después del atardecer y nos levantamos con el alba. Asegura que las altas tasas de insomnio, ansiedad y depresión se deben a una vida moderna que nos mantiene mucho tiempo despiertos y pegados a las pantallas.

La segunda recomendación es comer una dieta antidepresiva. Alimentarse con comida real, rica en vitaminas, minerales, grasas y antioxidantes es indispensable para las personas depresivas que no desean medicarse, a juicio de Vora.

También hay que evitar los alimentos que nos montan en montañas rusas emocionales como el azúcar, el alcohol y la cafeína. Huir de la comida que inflama como el gluten, los aceite vegetales procesados industrialmente, los lácteos para los intolerantes a la lactosa y toda la comida chatarra y procesada.

Otro aspecto inaplazable para mejorar nuestro estado de ánimo es salir del cubículo de nuestra oficina o de las cuatro paredes de nuestra vivienda y ponernos en contacto con la naturaleza. Vora explica que nuestro organismo necesita ver el sol, la luna, escuchar el cantar de los pájaros, nadar en agua salada, sentir la brisa y el movimiento de las hojas de los árboles.

Y para las personas ambiciosas y planificadas que hacen ejercicio, comen alimentos sanos, practican aromaterapia y aún se sienten tristes o angustiados, Vora recomienda hacer una revisión honesta de tus rutinas diarias y hacer cambios en el nivel de actividad y auto exigencia.

Vora sugiere vincularse con otras personas que disfruten tus mismas aficiones, no esforzar el cuerpo con exigentes actividades físicas cuando te sientes decaído y practicar yoga y meditación. Y lo más importante, es tomar decisiones conscientes sobre la vida que deseas tener para bajar los niveles de estrés y vivir en armonía contigo, tus seres queridos y el planeta.

 
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antidepresivos, salud mental, depresión

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