Slow Beauty: ¿Por qué practicar la belleza sin prisas?

Por Carmen Lanchares

Esta columna es parte de nuestra serie #WellWednesday donde distintos expertos comparten información, experiencias y sus filosofías de bienestar.

 

Quien más o quien menos ha hecho suya la frase ‘año nuevo, vida nueva’. Pero a estas alturas de enero, pasados los diez primeros días, el desaliento va minando la motivación inicial (si es que la hubo) y otra vez andamos como pollos descabezados. Los datos cantan: el 25% de las personas abandona su propósito durante la primera semana y más del 70% lo hace entre la segunda y la tercera semanas. Esto viene a cuento porque cambiar el chip no es fácil, requiere fuerza y estabilidad mental. Y no se me ocurre mejor estímulo para alimentar esa energía y equilibrio que practicar la slow beauty. La belleza lenta puede ser el punto de partida para dejar de transitar por la vida en modo fast & furious y aprender a frenar mediante el disfrute consciente del autocuidado.

 

En busca del tiempo perdido

Cada vez más personas cuestionan o rechazan los rápidos patrones de consumo industrial, en la alimentación, la moda, la forma de viajar y, por supuesto, en la belleza. Fruto de esta reacción gana solidez la filosofía slow life, que aboga por tomarse tiempo para comprender el mundo que nos rodea y recuperar el control de nuestra existencia.

La industria de la belleza siempre ha sabido recoger el testigo de los movimientos sociales y adaptar sus propuestas, fórmulas y rutinas a las demandas de unos consumidores cada vez más informados, exigentes y preocupados por la salud y el cuidado de la piel sin desmerecer el del planeta. En este contexto, la belleza lenta surge como otro baluarte de ese movimiento de consumo responsable que contempla el autocuidado, más allá de la aplicación de la cosmética, como uno de los pilares del bienestar personal.

Cuidarse implica quererse y ello nos lleva a sentirnos mejor, y a conectar con las personas y el entorno”, resume Shel Pink, pionera de esta corriente, autora del libro Slow beauty, creadora de slowbeauty.com y fundadora de la marca vegana Sparitual.

 

Los 7 mandamientos de la Slow Beauty

 

  1. Dar tiempo al tiempo. Es una cuestión de disfrutar de los gestos de belleza como se degusta un buen vino. Despacio, percibiendo cada matiz, y poniendo los cinco sentidos. Se trata de no hacer de la higiene o el cuidado de la piel un mero trámite diario sino de entender esas rutinas como un momento de relax y conexión con uno mismo.

 

  1. Quererse, prioridad absoluta. Lo dicho, el autocuidado es una máxima del pensamiento slow. Y ha de entenderse como algo que va más allá de mimarse o una forma de escapismo, se ha convertido, como aseguran desde el Global Wellness Institute, en una vía de autoconservación y supervivencia. Según Shel Pink, la belleza lenta propone rituales de cuidado personal que ayudan a tener una piel sana y luminosa así como a sentirse más saludable y alegre. Su práctica permite tomar conciencia de la verdadera belleza y el envejecimiento atemporal. En definitiva, dice, “la belleza lenta funciona porque es una forma de vida y no una solución rápida”.

 

  1. Usar una cosmética consecuente. No todo vale. A medida que surgen voces que alertan sobre los daños que pueden ocasionar algunos ingredientes cosméticos en la salud o el entorno, crece el interés y la preocupación sobre lo que ponemos en la piel y el pelo. En consecuencia, la slow beauty apoya los códigos de transparencia, honestidad y autenticidad de las fórmulas y postula el uso de productos eficaces, seguros, honestos, placenteros y sostenibles; coherentes, en el fondo y en la forma, con el estilo slow life.

 

    1. to the basics’. Calidad, no cantidad, es la premisa. Se trata de utilizar menos productos, mejores y más saludables, evitando el despilfarro y residuos innecesarios. Frente a la agobiante profusión de lanzamientos y propuestas que incitan al ‘más es más’, la slow beauty defiende el ‘menos es más’ y predica el skinminimalismo, esto es, elegir lo justo, adecuado y necesario para cada piel, sin atosigarla con capas de productos. La clave: simplificar las rutinas pero siendo constante en ellas.

 

  1. Cultivar el ‘slow aging’. Durante muchos años, la palabra antiaging estaba en boca de todos dando pábulo a prodigiosas soluciones con la promesa de revertir los signos externos de la edad y nutriendo una enfermiza obsesión por la juventud eterna. Pero en la causa slow envejecer no es una lucha. El slow aging, o well aging, afronta de una forma más armoniosa y sosegada el paso del tiempo, asumiendo que las señales de la edad son una expresión natural del proceso de vivir y promoviendo las herramientas para sentirnos bien en nuestra piel según cumplimos años. Este planteamiento pone en el mismo plato de la balanza el cuidado de la piel (atendiendo a sus necesidades diarias de limpieza, protección, hidratación y reparación), junto a la alimentación sana (menos procesados y muchos más vegetales); la práctica de ejercicio (estamos diseñados para movernos) y el descanso (importante para recuperarse y fortalecer las defensas).

 

  1. El cuerpo también importa. Habitualmente, centramos el concepto de belleza en los tratamientos de rostro, relegando a un segundo plano el cuidado del cuerpo. Sin embargo, nos recuerda Pink, el estrés y las emociones se acumulan también en el cuerpo y es igualmente importante para la belleza y la salud tener una práctica de cuidado personal enfocada a aliviar esa tensión en el cuerpo. “El cepillado en seco diario, el automasaje, la exfoliación regular, la hidratación y el cuidado específico de las manos y los pies son realmente importantes y contribuyen a la sensación de gozo y bienestar. Con el aumento de las tasas de depresión y estrés, el cuidado corporal consciente es fundamental: los beneficios son un estado de ánimo elevado”.

 

  1. Cuidarse y cuidar el planeta. Una de las premisas del fenómeno slow es su consciencia del entorno y la necesidad de cuidarlo. Y eso implica apostar por la sostenibilidad y un consumo responsable, porque otro de los factores para sentirse bien es sentirse conectado con el mundo que nos rodea y la naturaleza.

Etiquetas
slow beauty, belleza lenta, cuidados de la piel

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