¿Sabes de dónde proviene tu energía y por qué a veces te abandona?

Por Mariángela Velásquez

 

“Ese anda con las pilas puestas”, dicen en mi tierra para referirse a una persona activa, resolutiva, que puede hacer muchas cosas a la vez. Pero hay otros a los que “le pesan los pies” porque sus pasos, sus expresiones y sus rutinas reflejan un aire de desgano. Y para nadie es un secreto que se trata de una cuestión de energía.

Lo que no nos queda demasiado claro es por qué algunos parecen haber nacido con el tanque de gasolina vital lleno y hay otros que están usando siempre la reserva de emergencia. Los conocimientos ancestrales y modernos coinciden en que existe una energía vital que sirve de combustible a todo lo que existe en el universo.

La profesora y conferencista Rajshree Patel plantea en su libro “El poder de la fuerza vital” que esa energía no sólo mueve nuestros cuerpos sino también nuestras mentes y nuestras emociones. “Vibramos con ella. La proyectamos en nuestras palabras, acciones, pensamientos, percepciones y sentimientos”. Se trata de la energía de la vida.

Los chinos describieron hace miles de años la presencia de una energía vital de altas vibraciones dentro de los organismos, que ellos llamaron Chi. El Chi es la energía fundamental que sostiene la vida y está presente en los procesos biológicos de todas las células. Es la fuerza que diferencia la vida de la muerte.

Pero ese concepto de energía vital no es exclusivo del imperio chino. Los antiguos egipcios también entendieron que había una esencia que separaba el mundo de los vivos y el de los muertos, que en su religión denominaron KA.

En India, las escrituras vedantas también hablaron del prana, una energía innata, una fuente de positivismo que nace con nosotros y todo lo que existe en el cosmos.

En Occidente, los griegos creían que el cuerpo físico estaba animado por una energía llamada psique y el mismo Isaac Newton describió en su obra Principia la existencia de un “espíritu sutil”, cuyas vibraciones viajaban por los nervios hacia el cerebro y los músculos para permitir el movimiento.

Basados en esos principios, Patel señala que crecemos, florecemos y evolucionamos si estamos conectados con esa energía. Pero si nos desvinculamos de ella menguaremos y nos estancaremos.

 

El impulso transformador

El problema que enfrentamos cuando deseamos mejorar es que todos los cambios que deseamos hacer en nuestras vidas requieren tener cierto nivel de energía. Para hacer una dieta, cambiar nuestra rutina de ejercicios, socializar o alcanzar metas profesionales necesitamos resiliencia, resistencia, compromiso, iniciativa y perseverancia. Sin energía, nada de eso es posible.

El periodista de la revista The New Yorker, Nick Paumgarten, se sentía inexplicablemente cansado durante los primeros meses de la pandemia. Su desgano lo llevó a preguntarse varias veces si se había enfermado de COVID, cáncer, diabetes, enfermedad de Lyme, hasta que comprendió que su malestar se debía a la falta de energía.

Era la época del confinamiento y no podía realizar sus habituales entrevistas e investigaciones de campo. Las restricciones sanitarias lo obligaron a realizar todas sus tareas frente a su ordenador. Pero después de algunas horas de trabajar en su casa se enfrentaba con un agotamiento imposible de superar.

Y eso lo inquietaba. No se catalogaba como un holgazán, pero tampoco un trabajador incansable. Aunque siempre había tenido claro que las personas que destacan en la sociedad moderna tienden a ser las que parecen tener reservas ilimitadas de combustible mental y físico.

“Empresarios, atletas, artistas, políticos: pareciera que esa energía, más que el talento o la suerte, ofrece resultados extraordinarios. ¿Por qué algunas personas la tienen y otras no? ¿Qué podemos hacer para tener más?”, escribió en uno de sus reportajes. La realidad es que no existe una respuesta única a esas interrogantes.

 

La mitocondria manda

Los médicos se enfrentan al dilema de tratar a pacientes que acuden a sus consultorios para tener más energía a toda costa, porque las presiones sociales han cambiado y hay mayores expectativas de lo que una persona debería ser capaz de hacer. La respuesta farmacológica podría ser prescribir un estimulante pero para el médico especializado en recuperación metabólica, Richard Maurer, esa salida no tendría el efecto deseado porque se trata “de un falso chi”.

El funcionamiento exacto del sistema metabólico sigue siendo un misterio. Sabemos que hace 1.500 millones de años, las únicas formas de vida en el planeta eran unicelulares y la fermentación reinaba sobre la Tierra. Hasta que una bacteria anaeróbica se engulló a una bacteria aeróbica. Entonces la capacidad de alimentarse de oxígeno de la bacteria digerida aumentó la energía disponible en el huésped anaeróbico. Esa alianza accidental permitió la proliferación de formas de vida multicelulares y -millones de años después- la existencia de homínidos que usan herramientas y que se quejan de estar cansados todo el tiempo.

Paumgarten conversó con decenas de investigadores para comprender el motivo de su cansancio. Y relató que, según la teoría endosimbiótica de la complejidad biológica, esa fusión bacteriana fue el momento crucial que permitió nuestra existencia.

Lo cierto es que esa Eva microscópica en forma de bacteria aeróbica evolucionó en una mitocondria, un orgánulo que le da energía a todos los seres vivos. Cada uno de nosotros tenemos millones de mitocondrias.

William Gahl, del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano, escribió que la misión de la mitocondria es producir energía y por ello algunos tipos de células tienen diferentes cantidades de mitocondrias porque necesitan más energía.

Las mitocondrias convierten la glucosa y el oxígeno en trifosfato de adenosina o ATP, la principal molécula portadora de energía del cuerpo. También regulan la proliferación celular y su muerte.

Los científicos no descartan que el resto de nuestro organismo sea un elaborado aparato para alimentar a la mitocondria. Entonces son la mitocondrias y no los humanos los amos del planeta.

 

Lo que dice la ciencia

Martin Picard, profesor de medicina del comportamiento del Centro Médico Irving de la Universidad de Columbia, es uno de los defensores de la perspectiva mitocondrial y dedica sus investigaciones a explicar las conexión entre la mitocondria y el pensamiento humano.

“La principal característica entre un cadáver y un individuo que vive, piensa y siente es el flujo de energía por su cuerpo. Lo mismo pasa con las células, sin el flujo de energía son una masa inerte”.

El científico explicó que la mitocondria transforma la energía química en energía eléctrica. Y los órganos no pueden comunicarse sin esa energía. Su hipótesis de trabajo es que la mitocondria es como una especie de antena o cerebro que recibe, procesa e integra la información celular.

Y ha determinado que las células envejecen más rápidamente si son expuestas a estrés porque consumen la energía más rápidamente. “Malgastan energía, pero no sabemos por qué. Pero pareciera que las personas pueden sentir cuando su energía intracelular está baja”.

Las personas con desórdenes mitocondriales tienen problemas en transformar la energía en ATP. Y uno de sus síntomas es que se sienten constantemente cansados y fatigados.

Otra prueba de laboratorio sobre el efecto de la mitocondria en el cuerpo es el amobarbital, una sustancia desarrollada en Estados Unidos en la década de 1930 que inhibe la respiración de la mitocondria. Ese “suero de la verdad” tenía el objetivo de agotar de tal manera a los interrogados que les impedía mentir.

Y en un tercer experimento, 91 mujeres entregaban muestras de mitocondrias y llenaban cuestionarios de estado de ánimo. Los resultados de este estudio sugieren que el ánimo tiene un efecto directo sobre la salud mitocondrial.

Pero la explicación científica occidental del Chi chino o del prana vedanta bien pudiera estar en las funciones de la mitocondria.

 

Mantenimiento mitocondrial

Los expertos apenas comienzan a comprender el funcionamiento orgánico de la energía, así que no hay una ruta clara para mejorar nuestra sensación de vitalidad. Pero hay ya médicos, como el cardiólogo californiano Steven Gundry, que aseguran que saturamos a la mitocondria con demasiada basura que no la deja funcionar adecuadamente.

Gundry sugiere eliminar de nuestras vidas lo que llama los siete asesinos de la energía: antibióticos, glifosatos, químicos ambientales, sobre medicación, fructuosa, iluminación inadecuada y campos electromagnéticos.

También podemos tomar en cuenta prácticas milenarias como el yoga o el chi kung, que se centran manejar nuestra energía vital para conseguir un equilibrio entre el cuerpo, la mente, las emociones y el espíritu.

Patel recomienda prestar atención a la respiración y su conexión con nuestros pensamientos y emociones para reducir el estrés, practicar meditación para vivir con claridad y en un estado de positivismo y estar observar cómo estamos funcionando para comenzar a hacer cambios que nos lleven hacia la vitalidad.

Así que si te sientes constantemente cansado y no tienes una patología específica que explique tu agotamiento es momento de preguntarte si estás favoreciendo o atacando la función mitocondrial. Una alimentación sin químicos ni azúcares, ejercicio al aire libre y evitar todos los fármacos que no sean indispensables es una fórmula que hemos escuchado hasta el cansancio. Pero todo parece indicar que seguir estos pasos podría ser la clave para recuperar la energía perdida.

 
Etiquetas
energía, chi, mitocondria.

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