Tarea para 2022: frenar el aumento de la temperatura global

Por Adriana Rojas

Cerraremos el 2021 con el problema del cambio climático como una tarea pendiente, aunque los líderes mundiales ya llevan 26 años reuniéndose anualmente para frenar la emergencia climática.

Lo que en la primera Conferencia de las Partes (COP), que se realizó en Berlín en 1995, parecía una iniciativa promisoria, ahora es una exigencia apremiante: limitar a 1,5 ºC el aumento de la temperatura global del planeta a finales de siglo XXI si queremos evitar consecuencias nefastas.

Aunque la cruda realidad es que, según datos actualizados de la ONU, se espera que las emisiones aumenten 16% para 2030, con lo que avanzamos hacia el peligroso camino de los 2,7 ºC de calentamiento en 80 años.

Los detractores de las conferencias climáticas aseguran que se trata de reuniones burocráticas que sólo consumen tiempo y dinero. Pero otros analistas piensan que, aunque nos hemos quedado cortos en alcanzar los objetivos, las COP son encuentros que nos ayudan a impulsar iniciativas colectivas en el camino correcto.

“Un impulso suficiente para desechar el carbón indicaría a los inversores que es hora de abandonar el combustible fósil. Un compromiso para poner fin a la deforestación presionaría a las empresas que dependen de la tala ilegal. Incluso reiterar el objetivo de 1,5 ºC con cualquier camino creíble para llegar allí indicaría que los gobiernos van a ir más allá y, quizás, intentarlo todo. Nada de esto está garantizado, pero esas posibilidades deberían hacer que la COP sea difícil de ignorar para cualquiera que se preocupe por el cambio climático”, sostiene Justin Worland, en un artículo publicado en la revista Time.

El impacto del calentamiento global sobre el planeta está científicamente comprobado. El mundo se ha calentado alrededor de 1,1 °C desde la Revolución Industrial y vemos los efectos en las sequías, huracanes, inundaciones, tormentas y olas de calor que causan hambre, pobreza, problemas de salud y un aumento en los índices de mortalidad.

 

Una luz de esperanza

El último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) concluyó que a menos que las emisiones de gases de efecto invernadero se reduzcan de manera inmediata, rápida y a gran escala, limitar el calentamiento a cerca de 1,5 ºC o incluso a 2 ºC será un objetivo inalcanzable.

Esa advertencia ya había acaparado la atención de la COP en 2015, cuando 195 naciones firmaron el Acuerdo de París, que obligaba a presentar un plan para detener las emisiones contaminantes.

Y lo que parecía un catastrófico futuro asomó un rayo de esperanza. China y la India incrementaron sus esfuerzos para promocionar las energías renovables, Egipto redujo los subsidios para los combustibles fósiles y la Unión Europea aceptó limitar aún más la liberación industrial de gases de efecto invernadero adicionales a la atmósfera.

Pero en la reciente reunión del COP26, el secretario general de la ONU, António Guterres, insistió en que la máxima prioridad está en limitar el aumento de las temperaturas globales a 1,5 ºC.

El acuerdo alcanzado en Glasgow esboza las medidas que el mundo debe tomar, como recortar casi a la mitad las emisiones globales de dióxido de carbono y controlar la emisión de metano en 30% hasta 2030.

También se estableció el compromiso de alcanzar la neutralidad de Australia, Rusia, Arabia Saudita, Brasil e India, país que aseguró que dejará de agregar gases de efecto invernadero a la atmósfera en un lejano 2070.

Pero dejaron sin resolver algunas cuestiones críticas, como precisar cuántas emisiones debe reducir cada país durante la próxima década y con cuánta rapidez.

Más de lo mismo

Los pocos acuerdos concretos alcanzados fueron la punta del iceberg de una gran cantidad de tareas pendientes. Un iceberg que, al igual que los del ártico, comienza a verse afectado por el calor de los desacuerdos.

Guterres sentenció que, si el mundo no actúa rápidamente, la población mundial “estará cavando sus propias tumbas”.

Pero antes de hundirnos en la desesperanza hay que reconocer que los convenios pactados en reuniones anteriores de la COP se cumplen parcialmente

Las economías más poderosas del mundo no cumplieron su promesa de destinar 100 mil millones de dólares anuales al financiamiento climático de los países más pobres, pero en el 2019 las potencias materializaron parte de lo prometido con ayudas que alcanzaron los 80.000 millones de dólares.

Los convenios de la COP26 siguen sin definir la forma en que los países en desarrollo obtendrán los fondos que necesitan para recurrir a energías menos contaminantes y enfrentar los desastres climáticos cada vez más agresivos.

Hace seis años, el Acuerdo de París instó a establecer reglas más claras sobre cómo permitirles a las empresas y naciones contaminantes comprar e intercambiar permisos para reducir las emisiones globales.

Aun así, los negociadores acordaron cómo regular el mercado mundial de carbono, con un esquema en el que una empresa o un país compensa sus propias emisiones al pagarle a un tercero para que reduzca las suyas. Pero la idea final es repercutir los costos de la polución sobre quienes contaminan, para que, a medida que esos costos crezcan, sientan la motivación de dejar de hacerlo.

Uno de los logros de Glasgow fue un convenio entre Estados Unidos y China, los dos principales responsables de las grandes emisiones de dióxido de carbono, para hacer más esfuerzos en materia de reducción de las emisiones en esta década. China se comprometió por primera vez a desarrollar un plan para reducir el metano. El pacto entre las potencias rivales, que son los dos mayores contaminadores del mundo, sorprendió a los delegados en la cumbre.

Y los líderes de más de 100 países, incluidos Brasil, China, Rusia y Estados Unidos, prometieron poner fin a la deforestación para 2030. Sin embargo, ¿qué otras cosas se pueden rescatar de estas Cumbres?

Una es que la UE, por ejemplo, “implementó un paquete de políticas durante el verano que incluye todo, desde combustible de aviación sostenible hasta precios más altos del carbono, para cumplir con el objetivo. Ese paquete, su alcance y su cronograma, es por extensión el resultado de las discusiones que tuvieron lugar en la COP hace seis años”, señala Worland.

El objetivo de temperatura es el ejemplo más obvio, pero otros acuerdos de la COP sobre una serie de pautas y principios también continúan marcando la pauta de la política climática en la actualidad.

El Acuerdo de París no tiene ningún efecto formal sobre corporaciones y, sin embargo, estar "alineado con París" se ha convertido en un indicador clave de si una empresa desea ser una inversión sostenible. “El Acuerdo de París realmente no requiere que los países hagan mucho, pero casi 120 países presentaron nuevos planes climáticos como sugiere el pacto climático”, subraya.

¿Cómo contribuir?

Y mientras la cuenta regresiva del reloj climático sigue su marcha, sus efectos pueden ser mitigados por nuestras acciones individuales.

¿Qué papel podemos ejercer como individuos más allá de que los países desarrollados o los gobiernos lleguen a acuerdos o no ante esta amenaza universal?

Aquí de te dejamos algunas recomendaciones:

1.- Ser conscientes del uso de la electricidad, apagar las luces que no uses.

2.- Cambiar las bombillas viejas por LED o de bajo consumo.

3.- Desconectar aparatos electrónicos, como televisores u ordenadores, y cargadores de móviles, cuando no los uses.

4.- Desplazarse a pie o en bicicleta como alternativa a los vehículos.

5.- Ajustar el termostato, tanto para la calefacción como para el aire acondicionado.

6.- Reutiliza ropa o calzado, y lo puedes conseguir en mercados de segunda mano.

7.- Utiliza bolsas reusables cuando vayas al supermercado.

8.- Recicla envases, residuos electrónicos. Se ahorra más de 730 kilos de CO2 al año solo con reciclar la mitad de la basura que se genera en el hogar.

 
 
Etiquetas
cambio climático, contaminación, temperatura global

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