Los pensamientos pueden ser “toxinas” para tu cuerpo

Por Fernanda de la puente

 

Esta columna es parte de nuestra serie #WellWednesday donde distintos expertos comparten información, experiencias y sus filosofías de bienestar.

 

Llega el fin de año y, queramos o no, comenzamos a analizar el año que termina, viendo que cosas hicimos bien, y que otras no tanto. Nos ponemos metas, escribimos resoluciones y muchas veces decidimos incorporar hábitos saludables para el año entrante. Por ejemplo, muchos nos enfocamos en limpiar nuestro cuerpo y decidimos eliminar el azúcar, el alcohol o el gluten. Por más que estas son probablemente decisiones con un efecto muy positivo para el cuerpo, es importante prestar atención en eliminar las toxinas que corren un poco más profundo que el torrente sanguíneo: los pensamientos.

Nuestros pensamientos tienen la capacidad de cambiar nuestras células y nuestro ADN. Nos pueden convertir de ser una persona alegre a una persona cerrada con miedo a abrirse a las maravillas que nos ofrece la vida.

Quiero decir que no es solo importante volvernos conscientes de los químicos y venenos del exterior, también es fundamental tomar consciencia de las toxinas que contaminan nuestro ambiente interior. Con decir esto me refiero a los pensamientos negativos que circulan nuestra mente a diario como el miedo, la envidia, la culpa, la rabia, la cólera, la ansiedad y la inseguridad. Todos estos son pensamientos tóxicos que nos van deteriorando poco a poco por dentro.

El perfeccionismo, por ejemplo, es uno de los peores enemigos de la creatividad y del amor. La obsesión porque las cosas salgan perfectas le quita espacio a la espontaneidad y la creatividad. Querer controlarlo todo y esperar que la vida suceda de manera predecible, recta y rígida va totalmente en contra de la naturaleza de las cosas. En la naturaleza todo se mueve en espirales, en curvas, todo cambia, muere y vuelve a renacer. Hay magia porque hay flexibilidad y hay cambio.

La mente a veces se porta como un mono desobediente el cual tenemos que comenzar a entrenar. Tenemos que enseñarle a no pasarse el día saltando de pensamiento en pensamiento en un laberinto caótico sin fin. Hay que aprender a detectar los pensamientos venenosos que nos infectan la mente, para así deshacernos de ellos.

No se si a ti te pasa que cuando comes algo muy bueno, sientes un leve deseo de no querer que se acabe. Es un poco como en la vida: cuando vivimos algo muy muy lindo, muchas veces sentimos ansiedad porque sabemos que en algún momento se acabará. Los viajes acaban, las vacaciones acaban, el tiempo con la familia se acaba, y una tarta muy buena también se acaba. Esa es la naturaleza de las cosas y el ritmo de la vida: las cosas vienen y se van, se llenan y se vacían, suben y bajan. Los opuestos son complementarios; sin uno, no existe el otro.

¿Qué pasa cuando llega algo muy bueno a nuestra vida? ¿Qué hacemos cuando realmente nos gusta eso que vemos que está sucediendo? La mente automáticamente se aferra y quiere más de lo bueno, sin siquiera haber acabado lo que tenemos en el plato ¿Qué pasa con esa dificultad para disfrutar y saborear con detenimiento las cosas que tenemos al frente? A veces es difícil permitirnos gozar del proceso: de estar presentes con eso que nos gusta y dejar que realmente penetre y nos vaya llenando poquito a poco, bocado por bocado respirando tranquilos.

En cambio, nos apuramos sólo por tener más: no profundizamos, no saboreamos y no estamos en el momento teniendo lo que más gusta enfrente. Y entonces nos pasamos la vida corriendo y apurados por tener más éxito, más belleza, más dinero, más ropa, más zapatos, más viajes, más comida, más amor, más más más.. (¿no te ha pasado que cuando estás en un lugar de viaje ya estas hablando acerca del próximo viaje que harás en la siguiente vacación?) y al final no disfrutamos de lo que tenemos porque siempre queremos lo siguiente. Lo podríamos llamar una constante adicción por estar fuera de nosotros mismos sin sentir que lo que somos en ese momento es suficiente.

Hoy les propongo acabar este mes y este año tomando conciencia y reconociendo los hábitos inconscientes de nuestra mente que nos desvían de la presencia y el goce. Al darnos cuenta podemos detenernos, respirar y poner la intención de dejar ir el pensamiento destructivo. Al soltarlo, podemos reemplazarlo por algún pensamiento positivo de agradecimiento sobre algo en nuestras vidas que esté yendo bien. La gratitud tiene un gran poder sanador.

Meditación:

Sentada recta y cómoda, cierra los ojos y respira tranquila por la nariz. En cada inhalación puedes decir DEJO y en cada exhalación puedes decir IR: “DEJO IR”. Y así continúas respirando y repitiendo “DEJO IR” para que cada pensamiento que te venga a la cabeza, lo puedas dejar ir. Y así ojalá puedas dejar ir todo lo que ya no te sirva.

No tenemos que vivir siendo víctimas ni mucho menos presos de nuestros pensamientos. ¡Aprovechemos esta oportunidad para liberarnos este fin de año !

 

 
Etiquetas
yoga, pensamientos, wellwednesday

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