Cuando tus emociones controlan tu alimentación

Por Adriana Rojas

Algunas personas pasan el día ideando la manera de perder peso para verse más delgados. Nunca están satisfechos cuando se miran al espejo. Otras se quedan atrapadas en la fantasía de un ‘estereotipo ideal’ al mirar fotos de modelos o de influencers de redes sociales y terminan lamentándose porque no se sienten bien con su propia imagen. Y al no saber cómo gestionar sus emociones, usan los alimentos como una vía de escape, hasta el punto de saltarse las comidas, darse atracones o vomitarlas.

Cuando estos episodios se repiten una y otra vez, es posible que no tenga una relación sana con la comida y es el momento de buscar apoyo. “Los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) son una afección de la salud mental que afecta también la salud física. Implica además trastornos serios sobre cómo se piensa sobre la comida y cuál es la conducta que tenemos hacia la alimentación”, señala la psicólogo mexicana Marie Rosas Lombard.

Los TCA toman relevancia en un contexto donde unas 70 millones de personas a nivel mundial viven con este padecimiento. Las causas pueden surgir de acontecimientos vitales que causan estrés como un desengaño amoroso, la pérdida de empleo, problemas financieros o familiares, aumento de peso o comenzar una dieta restrictiva, pero también influyen poderosamente la cultura y la sociedad en la que se desenvuelve una persona.

Entre los tipos de TAC descritos se encuentra la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón, el trastorno de evitación/restricción de la ingesta de alimentos, trastorno de PICA, trastorno por rumiación, vigorexia y la ortorexia.

La obesidad y el sobrepeso (que son malnutriciones por exceso de alimentos) no son consideradas TCA, aunque hay cada vez más evidencias científicas que respaldan la relación entre los problemas emocionales y comer de más.

¿Por qué aparecen los TAC?

De acuerdo con especialistas, existe una relación entre los trastornos de la conducta alimentaria y la baja capacidad para manejar algunas emociones que pueden llevar a una persona, inconscientemente, a realizar una ingesta inadecuada de alimentos o, por el contrario, dejar de consumirlos.

“Es muy importante reconocer qué sucede en la psique de ese individuo”, sostiene la psicóloga clínica Josefina Blanco Baldó. “La relación entre esos trastornos y lo emocional es bidireccional. Por un lado, hay personas que comen por tapar las emociones o por no aceptar; las placenteras, sobre todo”.

Pero también están los trastornos asociados a estados emocionales negativos, “y se observa en aquellas personas que se sienten tristes, ansiosas, con rabia o frustradas, con incapacidad para regular sus emociones”.

Rosas Lombard coincide en que esa relación es totalmente cierta y tiene una raíz: el nexo con la madre desde la infancia. “Podemos decir que nos estamos comiendo las emociones porque el trastorno alimentario se genera desde muy pequeños en la relación con nuestra madre, o la persona que hace de figura materna; que es con quien iniciamos una conexión porque nos provee los alimentos y cuidados”.

La falta de aceptación, la carencia de amor o el abuso sufrido desde pequeños son algunos de los motivos para que se rompa la relación afectiva. “Allí el vínculo no es sano; se genera un vínculo ambivalente o codependiente, que desemboca en que nunca te sientes suficiente, siempre estás haciendo o dando, y tratas de ser la mejor estudiante, la mejor bailarina, la mejor todo para agradar a mamá. La comida es para nutrirse, no para suplir otras emociones”, subraya Lombard.

Los detonantes

Blanco Baldó dice que las personas que sobrevaloran el peso, la figura y tienen el control de la comida, lo relacionan con su autoestima, y se desarrolla el trastorno porque luchan por mantener un peso que, desde el punto de vista biológico, es humanamente imposible sostener. “Eso los lleva a hacer unas dietas rigurosísimas, a compensar con vómitos, o a hacer ejercicio excesivo, pero de una manera compulsiva, haciéndose daño a sí mismos”.

Por otro lado, Rosas Lombard previene acerca de la influencia que tienen las redes sociales, “eso es un hecho, las niñas quieren parecerse a ciertas influencers o a personas que a ellas les gusta. Hay que tener mucho cuidado con eso”.

¿Quiénes lo padecen?

Ya no son solo las mujeres. Las preocupaciones por el peso y la apariencia aumentan cada vez más en la población masculina, especialmente entre los hombres jóvenes.

Se calcula que en España hay unas 400.000 personas afectadas por Trastornos de la Conducta Alimentaria. Y un informe de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) señalaba los TCA como la tercera enfermedad crónica más frecuente entre adolescentes.

El impacto entre los más jóvenes es tal que la Organización Mundial de la Salud (OMS) coloca a los TCA entre las enfermedades mentales de prioridad para los niños y adolescentes debido al riesgo que implica para la salud.

“Ya se habla de niños con trastornos alimentarios. Esto es realmente preocupante porque tiene un impacto muy importante para su desarrollo biológico”, subraya Blanco Baldó.

 

Trastornos alimentarios subclínicos

No solo los diagnosticados con TAC sufren. Hay muchas personas que padecen en silencio porque tampoco tienen una buena relación con los alimentos, a pesar de comer. Se trata de “los trastornos alimentarios subclínicos, que son aquellos donde existen algunos comportamientos alimentarios anormales como, por ejemplo, estar demasiado pendiente de lo que se come, pero que va más allá de elegir alimentos sanos para sentirse bien. En este caso, el objetivo tiene que ver con tener determinado peso, forma corporal o control, de los alimentos”, explica Blanco Baldó.

También recomienda observar a los que experimentan el `comer emocional´, que ocurre en “personas que ven en la comida su gran aliado para manejar las emociones”.

La especialista resalta la importancia que tiene la prevención. “Hay que aprender a aceptar el cuerpo, y que uno vale por muchas cosas más que la apariencia física, y eso se puede educar desde la infancia”.

Por eso “es importante saber por qué se come y en qué situaciones se hace; si es por hambre, por fastidio o por emociones, y también por qué se deja de comer. Hay que reconocer las sensaciones de hambre o de saciedad, los efectos que producen ciertos alimentos en el organismo para entonces poder elegir sabiamente qué comer y cuándo hacerlo”.

Otro punto importante, añade, es observar si se come a velocidad, o en automático. “Hay que permitirse apreciar y saborear la comida y asociarla con un momento de tranquilidad y de calma”.

Un trabajo en equipo

Una vez que el paciente con TCA reconoce que necesita ayuda, requiere, además del asesoramiento médico y psicológico, una consulta y seguimiento nutricional. “Generalmente estos casos deben ser abordados desde el punto multidisciplinario”, apunta Blanco Baldó.

Minerva Camero, Nutriólogo y Dietista, que ha tratado casos de anorexia, señala que “lo primero es hacer un diagnóstico para saber la causa de su comportamiento hacia los alimentos, y si está relacionado con lo emocional, se realiza el trabajo en conjunto con un psicólogo”.

“Luego se les da herramientas para mejorar su relación con la comida. No se les realiza una dieta, tampoco se les informa ni de la cantidad de calorías, ni de nutrientes que están consumiendo, porque suelen tener comportamientos obsesivos”, explica, y advierte que la persona con TCA debe estar comprometida con el tratamiento, de lo contrario, seguirá con las conductas anteriores.

¿Cuándo acudir a los especialistas?

. Si se detectan cambios físicos o emocionales.

. Si hay alteración del sueño.

. Cuando se está perdiendo o ganando mucho peso.

. Si se tiene pensamientos repulsivos hacia la comida.

. Si hay cambios considerables en las uñas, piel y cabello.

. Cuando hay conductas atípicas (falta de autocuidado, largos tiempos de encierro en el baño, desvelo, consumo abusivo de cualquier alimento y bebida).

¿Cómo combatir los TCA?

“Yo te invito a trabajar tus emociones, la relación contigo misma, de que no te comas lo que sientes, lo que piensas, lo que deseas”, recomienda Rosas Lombard.

Camero añade que lo primero es comenzar poco a poco a volver a relacionarte con los alimentos y saber que nos alimentamos para que nuestro cuerpo esté saludable. “Que la alimentación es un proceso necesario para el correcto funcionamiento de todos los órganos de nuestro cuerpo”.

Los especialistas recomiendan tener en cuenta estos consejos:

. Tener una relación sana con el entorno y con los padres, hermanos y amigos.

. Hacer un diario para anotar las emociones.

. Promover conversaciones positivas sobre la imagen corporal.

. Buscar grupos de apoyo, aceptar y no enjuiciar la apariencia.

. Evitar el uso de redes sociales relacionadas con la relevancia de la imagen corporal.

. No premiar o castigar con los alimentos.

. Promover la ingesta de todo tipo de alimentos en su adecuada proporción.

Si comer te hace sufrir, no desesperes porque es un problema que tiene solución. Lo importante es dar el primer paso. Hoy puede ser un buen momento hacia un cambio que te haga sentir saludable.

 
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