Lo que de debes saber de la inflamación para que no se vuelva en tu contra

Por Mariángela Velásquez

 

Todos hemos experimentado alguna vez una inflamación en nuestro cuerpo: es la respuesta del sistema inmune a una lesión. Al pensar en algunos de los muchos procesos inflamatorios que he tenido en mi vida, me viene a la memoria el día en que tenía la mano derecha apoyada en el marco de un coche y mi hermana, sin darse cuenta, cerró la puerta y mis dedos quedaron aprisionados entre las pesadas piezas de metal.

Lo primero que sentí fue un dolor punzante. Al liberar los dedos los intenté mover y los miré para cerciorarme de no tener huesos rotos ni partes desprendidas. También me invadía otro tipo de dolor, que engañaba a mis sentidos y me hacía creer que tenía un corazón latiendo dentro de cada uno de los dedos. Luego vino el enrojecimiento, la hinchazón y una desagradable sensación de calor que no se aliviaba con nada y que no me permitía usar la mano.

Durante semanas, la piel lesionada supuraba líquidos y la sangre acumulada bajo las uñas me causaba una fuerte presión, hasta que poco a poco la hinchazón comenzó a ceder. Al mes siguiente se me desprendieron las uñas y el tejido dañado fue reemplazado por nuevas uñas. Ahora sólo me queda el recuerdo de ese accidente y en mi mano derecha no queda ninguna huella de lo sucedido.

¿Qué ocurrió en mi mano? ¿Cómo me curé? La zona enrojecida se llenó de un enorme flujo de células blancas que de inmediato se pusieron a reparar el daño que tenía mi extremidad.

El doctor Alejandro Junger describió los procesos inflamatorios de manera magistral e hizo una defensa pública de este mecanismo, que ha sido despreciado cuando es indispensable para la supervivencia y adaptación de los humanos. Uruguayo radicado en Estados Unidos, también puso como ejemplo la cortadura de un dedo para explicar que las células lesionadas derramarán su interior a su entorno y las células inmunes del área detectarán la situación y desencadenarán una cadena de reacciones que cambiarán la fisiología local.

Los vasos sanguíneos pequeños en el área se vuelven más permeables, lo que permite que los glóbulos blancos circulantes atraviesen la pared arterial y migren a donde se necesitan. Otros fluidos también salen de los vasos sanguíneos para transportar nutrientes y antioxidantes que serán necesarios para atacar posibles microorganismos invasores y reparar tejidos. Esto hace que el área se hinche. Los vasos sanguíneos locales se dilatarán, contribuyendo aún más a la congestión del área, haciéndola más cálida y enrojecida en apariencia”, dijo el cardiólogo y autor.

Junger dice que ese aumento de la temperatura facilita la acción de los mecanismos de defensa celular. Insiste en que la inflamación es un mecanismo perfectamente diseñado, que trabaja de manera sistémica y produce calor, dolor y rubor para lograr su objetivo.

En el caso de la inflamación que ocurre en nuestro organismo para combatir un virus sentiremos calor, que es la fiebre que ayuda la activación de los glóbulos blancos, Experimentaremos dolor a nivel muscular y aparecerá el rubor en la piel. “Y estarás agotado porque tu sistema inmunológico está consumiendo toda la energía del cuerpo”.

 

Cuando el exceso se convierte en riesgo

Las inflamaciones se vuelven un riesgo real para nuestra salud cuando ocurren con demasiada frecuencia porque nuestra vida moderna es poco saludable. Las toxinas que respiramos del ambiente y que consumimos a través de alimentos ultra procesados nos producen un estado de inflamación crónica que causa enfermedades cardiovasculares, depresión, artritis y cáncer.

La inflamación está diseñada no solo para ser principalmente local, sino también para ser temporal, cuanto más corta, mejor. Después de un tiempo, la atmósfera “salvavidas” que crea la inflamación se vuelve corrosiva. Roba recursos del cuerpo, tanto energética como nutricionalmente. La vida humana moderna es un insulto constante a nuestros cuerpos, década tras década”, alertó Junger.

El especialista dice que para mantener un organismo libre de inflamación también es importante tener acceso al aire limpio, el agua limpia, los cosméticos y la arquitectura limpios. “La inflamación es tu amiga. En lugar de bloquear la inflamación, piensa en cómo dejar de obligar a tu cuerpo a encenderla”, reflexiona.

El doctor Mark Hyman coincide en la advertencia y agrega que cuando el sistema inmune pierde el equilibrio, las inflamaciones también se salen de control y contribuyen al aumento de peso y la enfermedad. Asegura que la cantidad de azúcar que comemos, las altas dosis de grasas y aceites nocivos en la dieta, los alérgenos escondidos en los alimentos, la falta de ejercicio, las enfermedades crónicas, las infecciones ocultas generan inflamaciones que no se perciben a simple vista en lo profundo de los tejidos y las células.

Hyman dice que estar gordo es el ejemplo más claro de lo que significa estar inflamado y la obesidad es la causante de una gran cantidad de enfermedades.

 

La dieta anti-inflamatoria

Entonces si ya sabemos que la inflamación se vuelve dañina cuando se prolonga en el tiempo y comienza a dañar las células sanas, qué podemos hacer para evitar vivir en ese tipo de inflamación de baja intensidad que mina poco a poco a todo nuestro organismo y nos hace propensos a enfermedades.

La Escuela de Salud Pública T.H. Chan, de la Universidad de Harvard, dice que cada vez existen más evidencias, aunque aún no son definitivas, que respaldan el consumo de ciertos tipos de alimentos para ralentizar los procesos inflamatorios permanentes.

No se trata de un régimen alimenticio estricto, sino de crear hábitos que incluyan la ingesta de gran cantidad de frutas y vegetales, grasas que no sean saturadas, granos integrales, cantidades moderadas de té, café y especias. También se recomienda ingerir proteínas animales, exclusivamente de pescado.

Para evitar la llamada “meta inflamación” debemos reducir las carnes rojas, los alimentos y bebidas con azúcar refinada y el exceso de alcohol. La dieta Mediterránea y la dieta DASH son dos buenas pautas alimentarias para lograr mantener a raya la inflamación de nuestro organismo.

Otra ventaja es que una dieta anti-inflamatoria no exige contar las calorías ni el tamaño de las porciones. Se basa más en poner atención a la variedad de alimentos que hay que comer a diario o con mucha frecuencia para fortalecer de una manera sinérgica la inmunidad del cuerpo. Estos alimentos le aportarán al organismo químicos vegetales, antioxidantes y fibra que evitan el estrés celular, inhiben las señales inflamatorias causadas por el sistema inmune, promueven una microbiota intestinal saludable, desacelera la digestión y evita los picos de glucosa en la sangre.

 

Los alimentos anti-inflamatorios que no deben faltar en tu dieta son:

-Frutas y vegetales

-Granos integrales enteros

-Legumbres

-Grasas monoinsaturadas (aguacate, aceite de oliva, nueces, semillas)

-Grasas poliinsaturada omega-3 (nueces, semilla de chía, alimentos acuáticos como el salmón y la sardina).

-Té

-Café

-Chocolate negro con al menos 70% de cacao

-Especias como el jengibre y la cúrcuma

-Y cantidades moderadas de cerveza o vino

 

Alimentos inflamatorios que es recomendable limitar:

-Bebidas azucaradas como las sodas, los zumos industriales, el té helado.

-Alimentos hechos con carbohidratos refinados como el pan blanco, la pasta o el arroz

-Comidas fritas

-Carnes procesadas ricas en grasas (tocino, salchichas)

-Grasas saturadas (mantequilla, helados)

-Cortes ricos en grasa de carne de vacuno o pollo

-Exceso de alcohol

 

Otras medidas para prevenir la inflamación

-Hacer ejercicio regularmente

-Controlar el estrés

-Dormir lo suficiente

 
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