De duelo por mi pecho

Por Mariángela Velásquez

 

No hay una manera edulcorada de hablar sobre el cáncer de mama, el tipo de cáncer más común y la principal causa de muerte en las mujeres del planeta. Las cifras nos hablan claro. Pertenecer al género femenino es el principal factor de riesgo porque apenas el 1% de los casos ocurre en varones. Unas 2,3 millones de mujeres fueron diagnosticadas con esta patología en 2020, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.

Detrás de cada uno de esos fríos datos estadísticos está la historia de una mujer y su familia enfrentándose a los titánicos desafíos físicos y emocionales de vivir con una peligrosa enfermedad. Así le ocurrió a mi abuela Aurora, una mujer que parió y amamantó a 12 hijos y que antes de cumplir los 70 fue diagnosticada con un cáncer mamario alojado en los ganglios de una de sus axilas.

El sufrimiento de aquella mujer amorosa, de abrazos suaves y mullidos, que me consentía con sus platillos deliciosos cuando pasaba a visitarla me quedó marcada como una huella indeleble cada vez que escucho hablar sobre cáncer. Y como al fallecer ya yo era una mujer de 27 años, también me quedó una clara conciencia de la necesidad del autoexamen y de la posibilidad de tener algunos números adicionales en la lotería genética del cáncer de mama.

Por fortuna, es mucho lo que ha avanzado la ciencia y la tecnología en los últimos 25 años. Ahora las redes sociales se tiñen de rosa cada octubre para visibilizar la lucha contra la enfermedad que año tras año ciega miles de vidas. Este año, al tiempo que grandes empresas y celebridades se solidarizaban mostrando imágenes con lazos rosados, me conmovió observar el hastío de muchas sobrevivientes ante una campaña que ha tomado visos publicitarios pero que no se traduce en más dinero para la investigación, así como mejoras sustanciales en la prevención y el tratamiento.

 

Tres miradas sobre el mes rosa

Una de esas mujeres insatisfechas con la alharaca rosa fue Silvia Cirujeda Pérez, educadora, madre y sobreviviente de cáncer de mamas, al reconocer que no quería hablar ni del color rosa ni del pinkwashing simplemente porque la ponía de mala ostia.

Silvia, quien también es yogui y amante de la cocina natural, retrató su tratamiento y camino a la sanación en sus post de Instagram. Antes de la enfermedad, se veía disfrutando de la vida en Nueva York, Londres, el TajMal o cocinando y haciendo manualidades en su propia casa. Su sonrisa siguió siendo su rasgo distintivo después del diagnóstico, aunque en muchas oportunidades expresó el miedo indescriptible y el malestar físico que le provocó la quimioterapia.

Silvia fue una de las afortunadas en responder bien al tratamiento farmacológico y al final solo requirió una tumorectomia, en tipo de intervención poco invasiva en la que el cirujano sólo extrae la masa tumoral del seno. “Ahora tengo el pecho un poco deforme, pero me da igual. Se va a quedar como está”, me dijo sin complejos.

Julia, otra sobreviviente de cáncer de mamas y compañera de Silvia, tampoco aplaudió la euforia rosa. Reflexionó que hasta esa enfermedad había sido censurada y moldeada a gusto de la sociedad y que todos preferían ver la imagen del paciente oncológico victorioso, sea del cáncer que sea.

“La del paciente que habla de sus muchos efectos secundarios, del miedo, de la aceptación de sus cicatrices, de la vuelta a la vida cotidiana. Esa imagen no gusta”, dijo la creadora de las Tetibags, unas bolsas de tela con mensajes que tienen significado reales para las que han pasado por una mastectomía, como “Mis cicatrices son vida” o “Menos rosa más investigación”.

Otra potente opinión la emitió desde Inglaterra la presentadora de televisión Julia Bradbury al salir del quirófano el 11 de octubre de 2021: “Una persona cada 10 minutos es diagnosticada con cáncer de mamas en el Reino Unido. Y soy una de ellas. Salí de la cirugía y mi drenaje y mi brassier de mastectomía serán mis nuevos compañeros en las próximas semanas y meses”, dijo Bradbury a un público que la ha visto durante años recorrer los más asombrosos paisajes del Reino Unido como periodista especializada en viajes y medio ambiente.

“La ansiedad que sentí antes de la mastectomía fue abrumadora. Pero ahora me siento aliviada. Me entristece que un procedimiento tan brutal sea necesario en muchos casos de cáncer de mamas, pero yo elijo la vida”, dijo la convaleciente Bradbury a sus 146 mil seguidores en Instagram.

La comunicadora aprovechó su delicada situación personal para hablar sobre las duras cifras del cáncer de mamas, una patología tan agresiva que ha disparado el número de mastectomías en un 50% en los últimos 10 años.

Y luego de echar un cable a tierra a los que romantizan el camino que atraviesan las mujeres sometidas a mastectomías, Bradbury envió un mensaje de esperanza y dijo que en adelante seguiría las palabras del poeta estadounidense Walt Whitman: “Mantén siempre tu rostro hacia el sol y las sombras caerán tras de ti”.

 

El viento sopla a favor

La buena noticia es que, aunque la incidencia del cáncer ha aumentado, también ha crecido la tasa de supervivencia. En España, a principios de 1990, se registraba una tasa de 21 muertes por 100.000 habitantes, mientras que en 2020 fue de 14 por casa 100.000 mujeres.

Un diagnóstico ya no es una condena de muerte, como lo asumí cuando enfermó mi abuela. Cuando una mujer escucha de un especialista en 2021 que tiene cáncer de mamas sus probabilidades de supervivencia son de un 90%, especialmente si la enfermedad ha sido detectada precozmente.

La comunicación con el médico es vital. La paciente y su tratante deben acordar cómo se abordará el tratamiento, que generalmente consta de una cirugía y radioterapia para extirpar el tumor y frenar la evolución de la enfermedad, además de la terapia sistémica que se administra por vía oral o intravenosa para reducir el riesgo de que el cáncer se disemine a otras partes del cuerpo.

Se dice rápido, pero no es nada fácil. Es mucho lo que tienen que digerir las pacientes de un solo golpe para tomar la decisión más acertada. Los expertos coinciden en que la mayoría de los cánceres de mama pueden tratarse una tumorectomia, como la que tuvo Silvia. Pero cuando se trata de tumores cancerosos grandes, es muy difícil evitar una mastectomía.

 

El dolor psíquico de la mutilación

La montaña rusa emocional que vive una mujer luego un diagnóstico de cáncer en frenética. Y el desasosiego puede ser aún mayor si es necesaria una mastectomía.

El psicooncólogo Joan Salvador Vilallonga asegura que las mujeres viven la mastectomía como una mutilación. Y no es para menos. Los senos son una parte importante de nuestro cuerpo, íntimamente ligados a nuestra feminidad, identidad y autoimagen.

No es fácil pasar por alto esa región superior del tronco que tenemos justo debajo de la cara, que comienza a transformarse en la pubertad y que, de muchas maneras, marca el fin de la infancia y el nacimiento de nuestro cuerpo adulto.

Un estudio realizado por la Universidad Nacional de Colombia sobre la mirada social de la mastectomía sintetizó el significado de los senos en la cultura occidental y resaltó que esas descripciones siempre se han hecho desde una mirada masculina.

En las sociedades occidentales destaca el pecho erótico, que es órgano de placer y de los deseos sexuales masculinos. Luego está el pecho nutritivo de la mujer que amamanta a sus hijos. Y en tercer término está el pecho patológico, que puede acabar con el bienestar de una mujer y llevarla a la muerte. Esos significados son internalizados por las mujeres y nos sumergen en un profundo conflicto cuando enfermamos de las mamas.

La falta de detección temprana en Colombia, y en buena parte de América Latina, se traduce en que el 60% de las mujeres deben ser sometidas a mastectomías y atravesar por el doloroso proceso de padecer una enfermedad orgánica que modifica la relación que tenemos con nuestro propio cuerpo.

Vilallonga explica que las mujeres necesitamos tiempo para acostumbrarnos a ver una cicatriz en el lugar donde estaban los senos. A veces sentimos que ya no somos atractivas y tememos ser rechazadas por nuestras parejas, aunque los especialistas aseguran que muchos son empáticos y están dispuestos a ayudar y aceptar los cambios necesarios para recuperar el bienestar.

“Lo primero que hay que saber sobre cómo afrontar una mastectomía, es que cada mujer lo hace a su ritmo. Las reacciones emocionales más frecuentes son la rabia, la tristeza, el miedo y el asco. Son reacciones totalmente normales y es bueno que te des permiso a ti misma para experimentarlas”, expresó el experto.

Todos los cambios radicales en la vida requieren de un período de ajuste y aceptar que hemos perdido una parte de nuestro cuerpo para curarnos de una enfermedad es uno de ellos. Es un duelo del que no podemos escapar.

Los especialistas en salud metal coinciden que parte del proceso de sanación es aprender a sentirnos cómodas y amarnos de nuevo con nuestras marcas y deformidades. Y el primer paso en ese largo recorrido es la aceptación.

 

Going Flat. La opción de quedarse plana

La reconstrucción del seno es un procedimiento seguro al que recurren muchas pacientes con mastectomías. Y no hay evidencias científicas que demuestren que sea un procedimiento que altere la sobrevivencia o interfiera con el tratamiento del cáncer u otras enfermedades que se puedan presentar en el futuro.

Pero hay quienes prefieren decir adiós para siempre a sus senos y no someterse a cirugías adicionales, ni usar sujetadores especiales para sostener las prótesis.

Investigaciones publicadas en 2020 por la organización Breast Cancer indicaron que, en Estados Unidos, ha aumentado el porcentaje de pacientes jóvenes con diagnósticos de cáncer en etapas iniciales que eligieron la mastectomía bilateral a pesar de que pudieran optar por intervenciones menos invasivas.

De un grupo de 560 sobrevivientes de cáncer de mamas menores de 40 años, el 72% eligió la mastectomía (20% mastectomía unilateral y 52% mastectomía bilateral), mientras que el 28% eligió cirugía reconstructiva.

Los motivos para elegir quedar sin pechos son muy variados. Una de las razones es que no desean someterse a otra cirugía y pasar nuevamente por una dolorosa recuperación. También es posible que la mujer ansíe reanudar actividades cotidianas como en el caso de las mujeres profesionales que desean reanudar sus carreras o las madres con niños pequeños. Y otro factor de peso es que el sistema sanitario no cubra la cirugía reconstructiva o que la mujer no cuente con seguro médico privado.

Se trata de una decisión personal para la que no existe una respuesta buena o mala. Lo único que debe importar son las preferencias de la persona afectada y lo que será mejor para ella y su proceso de sanación.

 

Lo aprendido en el camino

Silvia cree que la mejor manera de conmemorar el mes de la lucha contra el cáncer es compartiendo lo que aprendió de la enfermedad. Les dice a otras mujeres que atraviesan por el mismo sufrimiento que perdonen la situación, aunque duela. “Serás capaz de aceptar la realidad, aunque cueste horrores. A pesar de ver una desconocida desnuda ante el espejo, lograrás quererte y valorar tu cuerpo de nuevo”.

También reconoce que es natural tener largas conversaciones con la muerte y levantarse a diario con miedo. Pero asegura que, si eso llega a ocurrir, serás más fuerte de lo que crees y al final estarás por encima de tus temores.

“Eres válida para la vida. Saca “pecho” orgullosa de ti misma y haz cosas que hagan brillar tus ojos sin pensar en los demás, con tumorectomia o mastectomía sigues siendo una mujer y nadie tiene derecho a juzgar tus decisiones”, dice Silvia.

Y aunque estés “jodidamente mal, nunca olvides que mereces estar aquí para vivir y enamorarte de ti misma. Aunque nos cueste, a pesar de las cabronadas de la vida, tenemos valor para abrir la puerta cada día y salir a vivir una aventura estupenda, porque la vida es un regalo que merecemos”.

Para Silvia, la respuesta al cáncer es vivir, sonreír, amar y quererse. Aunque duela.

Seguramente mi abuela Aurora estaría de acuerdo con ella.

Etiquetas
cáncer de seno, cáncer, salud de la mujer, mastectomía

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