¡Me confieso! Los cambios hormonales afectaron mi vida 

Por Beatriz Larrea

 

Esta columna es parte de nuestra serie #WellWednesday donde distintos expertos comparten información, experiencias y sus filosofías de bienestar.

 

Las mujeres modernas estamos metidas dentro de una epidemia de desequilibrios hormonales. Se calcula que 80% de nosotras en algún momento hemos tenido desbalances de nuestras hormonas. Estrés descontrolado, mala alimentación, insomnio crónico, querer ser una súper mujer, más la falta de información sobre nuestros ciclos hormonales, nos han dejado con cambios de humor, baja concentración, exceso de peso y falta de libido. 

Todas pensamos que esto es parte del proceso natural del envejecimiento, y en parte lo es, pero lo fantástico es que hay otra manera de vivir, puedes sentir vitalidad, energía y volver a entrar en tus vaqueros. De hecho, es mucho más fácil balancear tus hormonas que vivir sintiéndote miserable como consecuencia de sus alteraciones. De la mano de un enfoque multidisciplinar, es totalmente realista sentirte mejor a los 40 que a los 20, cuando evolutivamente eras el espécimen hormonal perfecto. 

 

Víctima del estrés 

Cuando cumplí los 38 años, mi cuerpo y mi mente estaban totalmente destrozados: me sentía totalmente quemada por el estrés. Estaba exhausta, pero este complejo que tenemos las mujeres contemporáneas de tener que ser superwoman, me impulsaba a seguir corriendo, siendo mamá, haciendo ejercicio, escribiendo un libro, dando consultas, haciendo cursos, trabajando con empresas y haciendo las labores de la casa. Ah, y no olvidemos sacar tiempo para la vida social. ¿Dormir? ¿Para qué? Ya dormiré cuando muera. 

Resulta que llegó un día en que pensé morir, no me podía levantar de la cama, me sentía exhausta, amargada y destrozada. Caía en manos de una fatiga adrenal. ¿Qué es eso? Prácticamente mi cuerpo se agotó y ya no podía más. Como no le hice caso y no paré cuando me lo pidió, pues paró él por mí y me detuvo en seco. El estrés fuera de control en manos del cortisol generó un efecto dominó hormonal, donde se alteró mi progesterona, bajó mi DHEA, se agotó mi testosterona y mi tiroides empezó a fallar. Esto me dejó agotada, sin ganas de tener relaciones sexuales, con problemas de fertilidad, alteraciones en mi ciclo menstrual, se me olvidaba todo menos mi nombre, desmotivada y deprimida. 

¿Había dejado atrás mis mejores años? ¿Estaba envejeciendo? ¿Perimenopausia? Sabía que cerca de los 40 el envejecimiento se acelera y las hormonas caen drásticamente, por lo que perdemos masa muscular, ganamos grasa, perdemos memoria, concentración, fertilidad, baja nuestro metabolismo… ¿Y el sexo? Olvídalo, me duele la cabeza. Todo disminuye menos una cosa: nuestros michelines. 

Lo interesante es que tras mucho estudio y, sobre todo, experiencias, me di cuenta de que esto no tiene por qué ocurrir. Las mujeres nos sentimos así por dos razones: Uno, porque nos enfrentamos a cambios hormonales característicos de la perimenopausia, y dos, porque como consecuencia de nuestros altos niveles de estrés, aniquilamos todas nuestras hormonas de la juventud y vitalidad. 

 

Las hormonas son la clave para la vitalidad y la salud 

Las mujeres somos y seremos hormonales, porque estamos diseñadas para crear vida y esa vida se crea gracias a una sinergia de todas nuestras hormonas. 

Si comparamos las hormonas con una instalación eléctrica, los hombres tendrían un interruptor, mientras que las mujeres tendríamos un cuadro eléctrico. En los hombres el papel principal está a cargo de la testosterona. Esta hormona empieza a subir en la pubertad, cuando el interruptor de enciende, y a partir de los 40 el interruptor regresa paulatinamente a la posición Off. Esto sucede a un ritmo del 2% anual, claro y predecible. Así son los hombres. 

Pero las mujeres tenemos un cuadro eléctrico muy complejo, donde el electricista se encuentra en problemas si busca entendernos. Las mujeres experimentamos más cambios hormonales en un mes que un hombre a lo largo de toda su vida. Nuestra calidad de vida, nuestro potencial y vitalidad, depende de que nuestras hormonas alcancen un equilibrio entre ellas, no se peleen, aprendan a trabajar en equipo, se sustituyan y apoyen en tiempos de crisis. 

De hecho, tu cuerpo está constantemente sondeando lo que pasa a tu alrededor para averiguar lo que necesitas ¿Tiene que calentarte o enfriarte? ¿Dormir o despertar? ¿Almacenar o quemar grasas? ¿Hambre o satisfecha? ¿Relaciones sexuales o que te dejen tranquila? ¿Tener un bebé o mejor no? Tus hormonas se adaptan constantemente a tus necesidades. Pero siempre siendo tu primera necesidad el sobrevivir, y por lo mismo la hormona alfa, la más poderosa, es siempre el cortisol. 

Tus hormonas preferirían que estuvieras todo el día al aire libre, en los trópicos, comiendo coco, pescado salvaje y plátanos, charlando con otras mujeres, jugando con los niños y que te reunieras con tus seres queridos alrededor de un fuego al atardecer, para que después un hombre tremendamente atractivo te invitara a esconderte detrás de un arbusto con él. Me imagino que tu realidad, al igual que la mía, es bastante distinta. 

 

Síntomas de equilibrio hormonal:

 

Los miembros de la orquesta 

Tus hormonas son como una orquesta perfecta, en armonía donde cada instrumento sabe su turno y trabajan en equipo. Te voy a presentar a los instrumentos:

 

 

También es importante que te familiarices con los dos órganos principales del equilibrio dinámico hormonal: los intestinos y el hígado. 

 

Causas de desequilibrio hormonal:

  1. Estrés 

  2. Una mala alimentación 

  3. Dietas restrictivas 

  4. Envejecimiento. Tener más de 40 años

  5. Productos químicos de belleza y limpieza

  6. Disruptores endocrinos 

  7. Medicamentos como la píldora

  8. Vida sedentaria

  9. Ciclo de sueño disruptivo  


 

Trabaja con tus hormonas: 5 consejos 

Lo que se busca es que trabajes a favor y no en contra de tus hormonas, piensa que ellas simplemente quieren lo mejor para ti. Tu trabajo es darles un entorno óptimo. Para eso, es necesario que las conozcas mejor, sus necesidades y debilidades, para que tú, como buena capitana, puedas ayudarlas cuando te necesiten y ellas a cambio te ayudarán a ti. Colaborar es más inteligente que luchar. Porque en esta lucha, siempre perderás. Tus hormonas son mucho más fuertes que tu fuerza de voluntad.

Primero que nada, tienes que aprender a medirlas, saber cuáles son los rangos óptimos de cada uno de tus instrumentos. La gran mayoría de los médicos ni siquiera prestan atención a las hormonas, no las miden. Otro porcentaje las mide, pero busca estar dentro de los rangos “normales”. Normales no significa ni nos dice nada, tú puedes estar dentro del rango normal de insulina con un 14, cuyo tope “normal” es 15, y te aseguro que ya es demasiado tarde: tienes resistencia a la insulina. 

Lo mismo con la tiroides, puedes estar normal, pero tener ya la T3 libre bajísima. Buscamos rangos óptimos, funcionales. Y esos rangos solamente los miden un porcentaje mínimo de los médicos. Por eso tienes que dejar de subcontratar, tomar las riendas del asunto, aprender cuáles son los rangos óptimos, identificar si tienes una deficiencia y buscar ayuda. Tu salud está en tus manos. 

Además de aprender los rangos, aquí tienes 5 sencillos consejos que ayudarán a tus hormonas a mantenerte con energía, vitalidad y un peso ideal:

 

  1. Lleva una dieta anti-inflamatoria, esto quiere decir legumbres, frutos secos, semillas, frutas, verduras y pescado (sobre todo sardinas, boquerones y anchoas). La base de la alimentación son las verduras.

  2. Evita los alimentos procesados y ultraprocesados. Si está hecho en una fábrica, limítalo. Si es un alimento entero que te proporciona la naturaleza, adelante. Di no a las bebidas azucaradas, son como inyectar glucosa en vena y esto dispara la insulina. Por bebidas azucaradas me refiero a zumos de fruta, refrescos, alcohol, bebida de avena y de arroz. Me gusta decir que los carbs son muy buenos, pero son mejores si los vistes, o sea la camisa es la proteína y la grasa los pantalones. Que no vayan desnudos.

  3. Aprende cómo bailar con el estrés, practica meditación, mindfulness, haz ejercicio optimizado, aprende cuándo caminar y cuándo correr, fomenta tus amistades, construye una comunidad alrededor de tus intereses. Todos estos son amortiguadores del cortisol.

  4. Practica la higiene del sueño. Ten una rutina, vete a la cama alrededor de las 10-11 de la noche, ya que en las primeras horas de la noche hay un pico de hormonas de la juventud, como la del crecimiento y la melatonina. Apaga los aparatos electrónicos una hora antes de dormir, no cargues el móvil cerca de tu cabeza, apágalo por la noche.

  5. Observa tu ciclo menstrual ¿Eres regular? En las mujeres, nuestro ciclo nos da pistas sobre cómo están nuestras hormonas. Si tienes un ciclo corto, estarás baja en progesterona, si tienes ciclos muy abundantes, puede ser exceso de estrógeno. Apunta todos tus síntomas, ¡¡¡y sobre todo pon atención!!! Tu cuerpo te está hablando.

 

Si quieres más info, puedes asistir a mis cursos sobre hormonas.

 

Etiquetas
well wednesday, hormonas, salud femenina

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