Cómo identificar un problema de salud mental

Por Anabel Grisaleña

 

Todos buscamos el equilibrio constante. En lo mental, lo físico, lo emocional y espiritual. Pero si empezamos a notar que nos faltan fuerzas, que no podemos con todo, nos enfadamos con facilidad o nos sentimos tristes, incluso si nos cuesta mantener la concentración o sentimos apatía física, quizás deberíamos encender las alarmas: nuestra salud mental puede estarse afectando.

 

Así lo advierte Olga Barceló, psicóloga multidisciplinar y fundadora de The Life Studio: “Tenemos muy reconocido que cuando tenemos una dolencia física nos vamos a un hospital, y cuando es algo agudo o grave nos podemos ir a urgencias” dice. ¿Pero qué pasa cuando esto es emocional? Normalmente no se suele ir al hospital en busca de un psiquiatra.

 

La salud mental era un tema tabú en la sociedad hasta hace poco. Sin embargo, la llegada de la Covid-19 potenció las conversaciones sobre el tema, pues la crisis sanitaria tuvo un gran impacto en las personas, incluyendo a aquellas con afecciones mentales preexistentes se vieron gravemente afectadas. Ya en 2012, durante la Asamblea Mundial de la Salud los gobiernos de todo el mundo reconocieron la necesidad de ampliar los servicios de salud mental.

 

¿Qué me está ocurriendo? ¿Es un desequilibrio que procede de mi cuerpo (hormonal, neuronal) o es que estoy atravesando una situación compleja y difícil que está alterando mi equilibrio? Un desequilibrio no siempre debe tener una base intrínseca, corporal o biológica, explica Barceló. Hay veces que se trata de una descompensación vital que no nos permite relacionarnos con normalidad con nuestros vínculos o con el ambiente.

 

Para reconocerlo es necesario observar a dos niveles, explica la doctora Barceló:

 

Como estas psicofísicamente: a veces las mujeres sobretodo tenemos muchas alteraciones hormonales que nos influencian.

 

Como estas con el ambiente: hay veces que no tiene por que estar relacionado directamente con nosotros, por ejemplo, la situación que hemos vivido con la pandemia (generando fobias, cuadros de ansiedad, cuadros de aprehensión, estrés…).

 

¿Dónde acudir?

Lo primero que recomienda Barceló es acudir a un psicólogo. En caso de no conocer a ninguno, recuerda que en España todas las comunidades autónomas tienen un colegio de psicólogos, en donde se encuentran todos los especialistas colegiados. Por otro lado, le da importancia al “boca a boca”, que una persona de tu entorno te recomiende un psicólogo que pueda ayudarte a resolver tus desbalances.

 

Hoy estamos todos conectados gracias a las redes sociales. Barceló considera que la pregunta clave es: “¿a quién le quiero entregar mi vulnerabilidad?”. Cuando estamos sufriendo un desequilibrio mental necesitamos acudir a alguien que nos transmita confianza y que tenga los recursos que vamos a necesitar. Por lo que ver el sentimiento que te transmite alguien en su página web, en la televisión o en su perfil de redes, también es un punto clave en la elección.

 

Otro factor a tener en cuenta es la modalidad de la sesión: ¿es online o presencial? Muchos psicólogos como la propia Barceló hacen sus sesiones online a raíz de la pandemia. Puede ser que alguien prefiera una experiencia cara a cara, por lo que este detalle lo deberá considerar.

 

Si el desequilibrio está directamente relacionado con la salud lo mejor es acudir a un psicólogo. Sin embargo, si el problema viene de otro ámbito como el organizacional o el familiar un coach te puede ayudar, explica Barceló. El único problema es que, a diferencia de los psicólogos, no existe una federación oficial por lo que es importante informarse sobre la fiabilidad del coach.

 

¿Cómo ayudo a otros?

Barceló da unas pistas para tratar de saber si alguien de mi entorno está pasando por un problema de salud mental y necesita ayuda. De acuerdo a su experiencia, la palabra clave siempre es el cambio, el observar cambios reales en una persona. Esto puede ser desde su forma de hablar (por ejemplo, voz más alta o agresiva, no escucha o no permite que le hablen, muy sensible o enseguida salta), en su forma de actuar y de relacionarse o incluso cambios dermatológicos (se reseca mucho la piel, la zona de la boca o puede causar dermatitis).

 

También se deben observar los cambios en patrones de hábitos, nos cuenta Barceló. Por ejemplo, “se levanta más tarde, le cuesta dormir, cambios en la alimentación (deja de comer, come de más o tiene mucha compulsión a la hora de hacerlo)”. Incluso se puede identificar a través de la higiene, si vivimos con esa persona y nos damos cuenta de que “se está dejando ir”. O la higiene corporal, “mucha rectitud, mucha tensión, jaquecas y migrañas debido a la tensión en las cervicales”, son algunos de los síntomas según la psicóloga.

 

¿Cómo se lo decimos?

La persona ya está sufriendo, lo que menos necesitamos es sentirnos juzgados o amenazados”, advierte Barceló. Por lo que si queremos ayudar a otros, prevenirlo del escenario donde se encuentra, se debe hacer con mucho cuidado, amor y atención.

 

El vocabulario que se utiliza también es importante, recalca la experta. Para el acompañante no es solo decir “estas pasando una mala época”, ya que la persona se puede sentir juzgada. Hay que intentar abordar el tema utilizando palabras como: “observo, he estado viendo, he notado estos últimos días, te he sentido”, aconseja.

 

El término trastorno es muy duro para nosotros, es mucho más sencillo y reconocible podernos observar desde el “desequilibrio cognitivo o emocional”, apunta Barceló. Debido a la cercanía del término a la medicina o psiquiatría, tendemos a relacionar la palabra ‘trastorno’ con uno psicótico o neurótico. Por esto, “el hecho de cambiar solo el vocablo nos permite identificarnos mucho mejor”.

 

Una vez observas esto, no solo lo identificas, sino que también te conviertes en acompañante. La experta recalca que una frase como “estoy aquí para lo que necesites y para acompañarte” siempre será bienvenida. Al fin y al cabo el tratamiento de un desbalance mental siempre es largo y lo último que querrá esa persona es sentirse sola en el camino.

 

 

Etiquetas
desequilibrio mental, salud mental

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