¿El ayuno intermitente es para todos? Descubre quienes no deberían realizarlo

Por Anabel Grisaleña

 

El ayuno intermitente es cuando la ingesta de calorías se limita a un cierto número de horas al día. Pero, ¿cómo puede ser esto saludable y cómo puede proporcionar suficiente energía? Si lo piensas bien, ayunamos todos los días mientras estamos durmiendo. Esta práctica es más o menos lo mismo, pero con algunos matices extra a considerar.

Lo primero es saber que aunque el ayuno se ha puesto de moda, tiene poco de novedoso. La especialista en nutrición Carlota Villanueva asegura que es una práctica común desde tiempos antiguos, porque es uno de los remedios más usados para sanar y curar al cuerpo. “Realmente no es ninguna dieta milagro ni ningún método novedoso, pero debido a nuestro estilo de vida, compromisos sociales y conductas adquiridas, el comer por obligación y a todas horas se ha convertido en lo habitual”. 

A veces lo hacemos inconscientemente. Cenar un día un poco más temprano de lo normal (19h-20h) y levantarse más tarde de lo habitual (a las 10h, por ejemplo) también conllevarían un ayuno de manera implícita: 14 horas de ayuno y 10h de ventana para ingerir alimentos, explica la nutricionista. “El cuerpo sabe lidiar con estas horas de escasez de nutrientes y se adapta perfectamente a ello”, dice Villanueva.

La advertencia la hace, sin embargo, sobre los ayunos más prolongados. “Es cierto que ayunos de 24 h practicando una actividad física intensa no es capaz de aguantarlo cualquier organismo”.

 

¿Son los ayunos para todo el mundo? 

Villanueva no recomienda hacer ayunos de más de 10 horas a personas que estén muy por debajo de su peso saludable, a las embarazadas, a las mamás en lactancia materna exclusiva, niños menores de 14 años. Tampoco a las personas que se mediquen de forma permanente, a las personas con diabetes tipo I o aquellos que sufran trastornos de la conducta alimentaria ni a las personas que padezcan gastritis crónica o reflujo gastroesofágico. 

Tampoco se lo recomienda a personas que sientan que les va a costar muchísimo por su estilo de vida. Villanueva asegura que hay que personalizar en todos los casos: si crees que va a ser una tortura estar 12 horas sin ingerir nada, probablemente lo sea. “Si haces un ayuno pensando que no va a beneficiarte, no lo hará. No todos somos ni reaccionamos igual ante las mismas estrategias”.

 

Depósitos siempre llenos

La nutricionista recalca que lo que ocurre cuando se ayuna es que se produce un cambio de sustrato con fuente energética. “En condiciones normales la glucosa (presente en los carbohidratos) y las grasas son nuestras principales fuentes de energía”. Cuando se ayuna, la glucosa procedente de los alimentos no va a estar disponible y el organismo se adapta acudiendo a nuestras reservas de triglicéridos (un tipo de grasa)”. Esto no es perjudicial siempre y cuando no acabemos estos depósitos.

Nuestro cuerpo puede obtener energía gracias a las reservas de triglicéridos mientras ayuna. No obstante, estos no deben ser reiterados, ya que no es conveniente acabar con estas reservas. Por ejemplo, Villanueva aconseja hacer un máximo de dos ayunos de 24 horas por semana para evitar problemas.  

A pesar de que no se pueda comer durante los ayunos, la especialista afirma que sí es posible consumir cualquier alimento y bebida acalórica como agua con o sin gas, pudiéndose añadir limón, lima o menta para aportarles sabor. También el agua de mar tratada -nunca en exceso- para mantenerse hidratado por la sal marina, así como infusiones, café (ni mezcla ni torrefacto), té verde, té matcha sin azúcares ni edulcorantes, vinagre de manzana sin filtrar (cider vinegar), caldo de huesos o el líquido de una sopa de verduras. 

Etiquetas
ayuno intermitente, energía, nutrición

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