La dieta cerebral: Estos alimentos podrían prevenir el Alzheimer

Por Mariángela Velásquez

 

Para los familiares de Teófilo Morales González, el Alzheimer es sinónimo de dolor. El periodista Piero Trepiccione recuerda cómo la vida de su abuelo se fue desvaneciendo desde que fue diagnosticado con la enfermedad ya octogenario. Había nacido en el Rincón de Ademuz, un exclave de la Comunidad Valenciana limítrofe con Aragón, emigró con su esposa, creó una familia y vivió el resto de sus días como agricultor en Venezuela. 

Pero el Alzheimer arrancó de tajo su presente y los recuerdos de su vida adulta y lo devolvió a la Cuesta del Rato, la aldea donde nació y se quedó sordo por un bombardeo en 1938. Yayo, como le decían sus nietos, hablaba de la uva, lloraba como un niño, conversaba con su mujer muerta y los golpeaba con las muletas al confundirlos con extraños. 

La historia de Teófilo no es un caso aislado. La demencia describe distintos desórdenes que afectan la memoria, el pensamiento, el comportamiento y las emociones de 50 millones de personas en el mundo. Y el Alzheimer es su principal causa.

La Organización Mundial de la Salud estima que la cifra aumentará a 152 millones para 2050. Sin embargo, un dato esperanzador que ha arrojado la ciencia en los últimos años es que menos del 1% de los casos tiene una determinación estrictamente genética, lo que significa que la inmensa mayoría de los diagnósticos de Alzheimer tuvieron su origen por el impacto de la predisposición genética, factores ambientales y el estilo de vida de los afectados.

Es como la historia de Benjamín Button, pero no en el cuerpo sino en la mente. Se creían niños. Sentían que estaban en España, en su casa, que tenían vivos a sus padres. Al final se le olvidó cómo comer, cómo caminar, pasó a la andadera, luego a silla de rueda hasta que ya no caminaba.  Balbuceaba, no hablaba”, relató Trepiccione sobre su experiencia con su abuelo Teófilo. 

 

Con la lupa en la nutrición

Todos sabemos que una buena nutrición es clave para mantener un organismo saludable y hemos normalizado la idea de que hay que reducir el consumo de grasas, carbohidratos y carnes rojas para conservar el funcionamiento del sistema cardiovascular. Pero pocas veces pensamos qué medidas nutricionales debemos tomar para mantener a tono nuestro cerebro.

El impacto de las demencias en la población mundial es tan severo que varios equipos de investigación han concentrado sus esfuerzos en comprender el efecto de la alimentación en el sistema nervioso. La médico nutriólogo Marianella Herrera dijo a Lamarca que la prevención para disminuir el riesgo de padecer enfermedad de Alzheimer ha sido un tema controversial porque no hay estudios contundentes que ofrezcan una fórmula definitiva para evitar la enfermedad.

“Pero hay elementos que parecen protectores. Uno de ellos es evitar la obesidad, fomentar el consumo de ácidos grasos omega 3 o tener un consumo adecuado de ácido fólico. La dieta mediterránea en general, los antioxidantes y detectar a tiempo si hay alguna deficiencia de vitaminas y minerales”, expresó Herrera.

Es muy difícil determinar las causas del Alzheimer, pero los científicos buscan vinculaciones. Por ejemplo, la diabetes y sus complicaciones son una causa de deterioro cardiovascular. Cuando un paciente con enfermedad de Alzheimer tiene un compromiso de la circulación y ese compromiso viene por una diabetes ya hay una doble vinculación, explicó Herrera.

Dentro de las líneas de investigación existentes, una de las hipótesis sugiere que es posible que ciertos tipos de dietas incidan en mecanismos biológicos como la inflamación y el estrés oxidativo, y esto pudiera causar Alzheimer. 

Otra posibilidad es que la alimentación tenga un efecto indirecto al exacerbar factores de riesgo del Alzheimer como la diabetes, la obesidad y los problemas cardiovasculares. Y las pesquisas más recientes estudian la relación entre los microbios intestinales y los procesos de envejecimiento que llevan al Alzheimer.

Y aunque no hay estudios concluyentes, como afirmó Herrera, cada vez hay más evidencias que recomiendan un tipo de alimentación específica para preservar la salud cerebral y ralentizar el surgimiento de las demencias, llamada dieta MIND.

Se trata de un enfoque híbrido entre la Dieta de Enfoques Alimenticios para Detener la Hipertensión (DASH, según sus siglas en inglés) y la tradicional dieta mediterránea, que hace hincapié en los alimentos naturales de origen vegetal y restringe las carnes rojas, las grasas saturadas y los dulces.

Investigadores encontraron, después de estudiar los hábitos de alimentación de una población durante cuatro años, que “los adultos mayores cuyas dietas se parecían más al patrón establecido en la dieta MIND tenían un funcionamiento cerebral similar al de personas 7 años y medio más jóvenes. Esa es una diferencia sustancial, ya que se ha sugerido que retrasar la demencia solo cinco años reduce el costo y la prevalencia de la enfermedad a la mitad”, informó la Clínica Mayo.

 

Ingredientes básicos de la dieta MIND

Lo primero que debes hacer para seguir una dieta MIND es aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal y reducir las carnes y las grasas saturadas. Incorpora a tu dieta las bayas de todo tipo y los vegetales de hoja verde.

Los científicos creen que una alimentación rica en flavonoides puede beneficiar el funcionamiento cerebral. Los arándanos, las fresas y las moras pudieran retrasar el envejecimiento cognitivo en las mujeres hasta dos años y medio, según un estudio publicado en Annals of Neurology.

No hay una fórmula mágica ni una receta exacta. Se trata de una guía de alimentos que no deben faltar en tu despensa y que hay que incorporar con determinada periodicidad a tus comidas. Si sigues esta lista ya habrás comenzado a cuidar tu salud cerebral.

 

 

La clave del bienestar

Los científicos no están completamente seguros de por qué este tipo de dieta puede ayudar al cerebro, pero creen que sus efectos en el mejoramiento del sistema cardiovascular pudieran reducir el riesgo de sufrir demencia. Dos estudios recientes sugieren que ingerir pescado dentro de una dieta mediterránea pudiera ser el factor de mayor peso para mejorar las funciones cognitivas y desacelerar su declive.

Herrera, que conoce la enfermedad a fondo como profesional y a título personal porque afectó a su padre, aseguró que es muy complicado hablar de etiologías o de tratamientos del Alzheimer cuando ya está instalado: “Pero podemos prevenir, sobre todo en personas que tienen antecedentes familiares. Mantener una buena higiene del sueño, mantener el flujo sanguíneo activo con una buena práctica de ejercicio físico y el consumo de una dieta saludable siempre serán factores importantes para retardar el inicio de esta enfermedad”.

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alzheimer, cerebro, alimentación, salud

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