Vacunarse o no vacunarse: la polémica detrás de la aguja

Por Mariángela Velásquez

 

Las enfermedades infecciosas hicieron estragos en la historia de la humanidad hasta que aparecieron las vacunas. Tanto es así que los planes de inmunización son considerados como las intervenciones de salud pública más importantes para prevenir enfermedades después de la introducción del agua potable y los sistemas de recolección de aguas residuales.

La tradición oral de India describe a monjes que se inoculaban con veneno de serpiente para inmunizarse contra sus picaduras desde el siglo VII. Las primeras inoculaciones con el pus de las pústulas de la viruela en China datan del siglo X, mucho antes de que Edward Jenner inoculara a un niño de 13 años y demostrara la inmunidad a la temida enfermedad en 1796.

La historia de las vacunas ha demostrado que los desarrollos farmacológicos pueden triunfar sobre enfermedades mortales. La viruela fue una enfermedad sin cura ni tratamiento que desfiguraba a los enfermos y en muchas ocasiones producía la muerte. La viruela mató a unos 60 millones de personas sólo en Europa en el siglo 18 y fue erradicada en todo el mundo en 1980, como resultado de una campaña de vacunación a nivel global sin precedentes.

En estos 225 años desde su descubrimiento en Occidente, la ciencia ha desarrollado vacunas que se aplican en toda la población para prevenir enfermedades como la poliomielitis, hepatitis b, difteria, tétano y tosferina, sarampión, rubéola, varicela. Se estima que en el último decenio han sido vacunados más de 1.000 millones de niños y se han evitado unas tres millones de muertes al año.

 

Las dudas de la pandemia

Pero la intempestiva llegada de la pandemia del COVID-19 nos sacudió e hizo tambalear nuestras certezas. Su rápida propagación global, su gravedad en personas vulnerables y el colapso de los sistemas de salud levantaron las alertas rojas de las autoridades sanitarias mundiales. Y mientras parte del mundo se mantenía confinado para desacelerar los contagios, los investigadores trabajaban sin descanso para desarrollar en tiempo récord una vacuna contra el virus Sars-CoV-2.

Al 7 de junio de 2021, en el mundo se registraban 173 millones de casos confirmados de Covid-19 y habían fallecido unos 3,7 millones de personas. Y desde que se iniciaron los planes masivos de vacunación a finales de 2020 se han suministrado unos 2.000 millones de dosis en 200 territorios y países del planeta.

Pero no todos coinciden en que la fórmula para frenar al coronavirus es vacunar al menos al 70% de la población mundial para alcanzar la inmunidad de rebaño. Algunas personas y organizaciones han rechazado la vacuna alegando teorías conspirativas o temores sobre posibles efectos adversos contra su salud. 

 

¿En qué consiste la vacuna de la COVID-19?

La OMS explicó que la función de cualquier vacuna es entrenar al sistema inmunológico para detectar y combatir ciertos tipos de virus y bacterias. El objetivo es que el cuerpo esté preparado para destruir los gérmenes patógenos que puedan entrar en el organismo para prevenir enfermedades.

En la actualidad, la comunidad internacional administra al menos siete vacunas distintas contra el COVID-19 y hay al menos otras 200 en investigación.

Las autoridades sanitarias españolas dicen que todas las vacunas aprobadas han resultado efectivas para prevenir las infecciones del Sars-CoV-2 y para atenuar la gravedad de los síntomas y las tasas de mortalidad de los que se contagien después de la inmunización.

Las vacunas tradicionales se basan en administrar el virus debilitado o inactivado para que nuestro organismo genere anticuerpos que bloqueen. Mientras que las vacunas con nuevas tecnologías no utilizan todo el virus sino sólo un fragmento, una proteína del virus llamada proteína S, que porta su material genético. Al entrar en el cuerpo, nuestro sistema inmune reconoce que la proteína S no debería estar allí y produce anticuerpos y linfocitos.

La mayoría de los expertos insiste en que la vacunación es importante porque protege a los individuos vacunados de manera directa pero también porque resguarda indirectamente al resto de la población. Tienen claro que mientras haya más personas vacunadas, menores probabilidades tendremos de exponernos al virus.

Pero la aparición de algunos efectos secundarios adversos alarmó a la opinión pública y han generado reticencia a la vacunación.

Las investigaciones han estimado que de cada 100.000 vacunados, uno podría desarrollar coágulos sanguíneos potencialmente mortales en los próximos cuatro meses. Pero al sopesar los riesgos contra los beneficios, los científicos afirman que por cada 100.000 vacunados se evitarán unos 25 ingresos a las Unidades de Cuidados Intensivos y al menos 60 muertes.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han insistido en que todas las vacunas autorizadas son seguras y efectivas para la población. “El riesgo de enfermedad grave y muerte por COVID-19 supera en gran medida cualquier beneficio que pueda aportar la inmunidad natural. Las vacunas contra el COVID-19 ayudarán a protegerlo al crear una respuesta de generación de anticuerpos (sistema inmunitario) sin que deba sufrir la enfermedad”.

 

¿Debo vacunar a mis hijos?

Las personas que desconfían de la seguridad de la vacuna del COVID-19 no solo temen vacunarse, sino que están negadas a vacunar a sus hijos cuando llegue el momento. 

En Estados Unidos ya existen tres vacunas disponibles para los niños mayores de 12 años y la American Academy of Pediatrics ha instado a los adolescentes a vacunarse contra el COVID-19 tan pronto tengan la oportunidad.

La médico pediatra Myriam Raquel González Oviedo dijo a La Marca que la vacunación masiva ha demostrado que reduce los casos graves de hospitalización por enfermedad COVID-19. “Es decir, su efectividad no se puede negar a pesar de que aún no se ha completado ni un año desde el inicio de la vacunación”.

Los investigadores están convencidos de que la vacuna es segura y efectiva en gran parte de la población infantil y ya se han iniciado pruebas en niños desde los 6 meses de edad en Estados Unidos y Canadá.

"En España, las sociedades de pediatría, incluyendo a la que pertenezco SEPEAP, apoyan y recomiendan, y yo me sumo, el uso de las vacunas en mayores de 12 años. Cuánto antes se vacune a toda la población se espera que la enfermedad desaparezca como pandemia”.

González Oviedo opina que vacunar a la población pediátrica no sólo protege a los niños sino que también evita la propagación dentro de la comunidad.

Aunque reconoció que hay menos casos de casos de la COVID-19 en niños que en adultos, la pediatra recalcó que los menores también se enferman y en fases tardías de la enfermedad pueden presentar signos y síntomas graves como el Síndrome Inflamatorio Multisistémico.

 

La negativa de la Liga por la Libertad de la Vacunación

Pese al consenso de la llamada medicina tradicional, hay voces disidentes que aseguran que vacunas como la de la gripe y la de los coronavirus (que incluye el SARS-CoV y el MERS-CoV) pueden traer graves complicaciones para la salud que podrían ser mortales.

Xavier Uriarte, médico naturista especializado en Salud Pública y presidente de la Liga por la Libertad de Vacunación (LLV), ha dicho en conferencias públicas que de cada 250 mil dosis de la gripe suministradas se registra una muerte.

Además de los casos mortales, Uriarte ha señalado que las vacunas pueden ocasionar un empeoramiento de las reacciones alérgicas, problemas autoinmunes, lesiones neurológicas, infertilidad, narcolepsia y problemas de coagulación.

El médico apuntó que las autoridades sanitarias “no tienen vergüenza” al animar a la población a vacunarse sin ofrecer toda la información sobre los posibles riesgos. También acusó a los medios de comunicación de enmascarar la verdad e instó a sus seguidores a no creer en ningún dato publicado en la prensa.

Explicó que no existe ninguna vacuna limpia y que todas están fabricadas con alguna de una lista de 55 sustancias químicas como el mercurio, el tiomeral, sales de aluminio o látex.

Uriarte cree que los desequilibrios en el sistema inmune ocurren cuando el hombre se enfrenta al hambre, el desafecto, la soledad, la angustia, la falta de esperanza, cuando los desechos se mezclan con las aguas limpias y cuando las personas no caben demográficamente en un espacio.

Las personas necesitan de suficiente luz, aire fresco y espacio para mantener su salud. De lo contrario, nuestro organismo pierde la capacidad inmunitaria para enfrentar esos factores adversos.

La LLV ha preparado un “Manual de resistencia ante la posible obligatoriedad de la vacunación en España”, que enumera los pasos legales para proteger a la población de lo que llaman “inquisidores sanitarios” y explica las opciones de las personas que se niegan a vacunarse cuando le soliciten un carné de vacunaciones para matricularse en centros educativos, actividades de verano, o viajes.

En España, un 6 % se rehúsa a recibir la vacuna, según refleja el último Eurobarómetro elaborado por el Parlamento Europeo. Pero la mayoría sí desea vacunarse. Los españoles son la novena población europea que más confianza depositan en la vacunación para frenar el virus.

Pero en Estados Unidos, el rechazo a la vacuna es mucho mayor. Uno de cuatro estadounidenses se niega a vacunarse, según un estudio reciente publicado por NPR/Marista.

 

“No me quiero poner la vacuna Astra Zeneca”

Dentro del abanico de opiniones sobre la vacunación, también están los que creen en la ciencia, pero no están convencidos de que el desarrollo de la vacuna contra la COVID-19 siguió al pie de la letra todos los pasos para garantizar su seguridad.

La madrileña Gemma Berlanga dijo que se vacunará porque es respetuosa de las disposiciones de las autoridades sanitarias y no porque esté convencida de que es lo mejor para ella.

"No estoy de acuerdo (con la vacunación) porque creo que las vacunas no se han hecho como deberían, no se han tomado el tiempo necesario y las han precipitado demasiado. Porque al final todos somos conejillos de indias y por mucho que digan que sólo hay problemas en un caso entre 100.000, si te toca a ti es bastante grave”.

Y aunque Berlanga teme a todas las vacunas, piensa vacunarse cuando reciba la llamada de los responsables de la campaña de vacunación de la Comunidad de Madrid siempre y cuando sepa qué tipo de vacuna le tocará. “Si me ofrecen AstraZeneca sí me negaría, diría que no a la vacuna”.

Aseguró que siempre ha creído en la medicina convencional y no utiliza terapias alternativas. Y también ha vacunado a sus hijos.

Pero recordó la ola de críticas que recibió cuando su hija mayor nació y expresó que no le quería poner la vacuna del rotavirus porque era bastante nueva. Al final, la vacunó por la presión social. Años más tarde, cuando nació su hijo menor, la vacuna del rotavirus había sido retirada temporalmente por los efectos adversos que producía en algunos niños.

"Me sentí ridícula porque le estás poniendo algo a tus hijos que la sociedad te está obligando, pero no está lo suficientemente probado como para garantizar que los efectos adversos no van a darse”.

La vacuna contra la COVID-19 no es obligatoria en España ni en Estados Unidos. Pero la negativa a recibirla podría traer consecuencias. El director de riesgo corporativo del hospital Houston Methodist, Bob Nevens, fue despedido pese a tener una hoja de servicio impecable por negarse recibir la vacuna.

Al igual que Berlanga, Nevens dijo al diario USAToday que las vacunas fueron desarrolladas con premura y que la FDA autorizó su uso por una situación de emergencia pero que aún no se conocen sus posibles efectos a largo plazo.

En este momento histórico tan particular, es importante estar bien informado y poner sobre la balanza los beneficios y los riesgos de la vacuna contra la COVID-19.

El riesgo de morir de un trombo producido por la vacuna es mucho menor al de morir en un accidente laboral, en un accidente de tránsito o ahogado en España. ¿Dejarías de trabajar, de conducir o de bañarte en el mar este verano para reducir a cero la probabilidad de fallecer de esas causas?


 

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covid-19, vacuna, salud

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