Los chamanes sabían de qué hablaban: Los hongos tienen propiedades terapeúticas 

Por Mariángela Velásquez

 

Los científicos occidentales han comprobado lo que las civilizaciones antiguas descubrieron hace siglos: cierto tipo de hongos contienen una sustancia con importantes propiedades curativas para la psique. Se trata de la psilocibina, un componente de los llamados hongos mágicos o alucinógenos.

Dos dosis de psilocibina pudieran ser tan efectivas como el antidepresivo escitalopram en el tratamiento de la depresión severa a moderada. Y lo que es mejor aún es que los pacientes experimentaron una mayor sensación de bienestar, más habilidad de expresar emociones y un mejor funcionamiento social que los que tomaron el antidepresivo durante los ensayos clínicos realizados por el Imperial College de Londres.

"Creo que podemos decir que los resultados ofrecen la esperanza que estábamos buscando de un prometedor tratamiento alternativo para la depresión", dijo a Robin Carhart-Harris, coautor del estudio y jefe del centro de investigación psicodélica de la reconocida institución académica británica al diario The Guardian.

 

Un viaje al pasado

Los hongos psilocibios han sido usados durante miles de años en los rituales chamánicos de las culturas ancestrales de todos los continentes. Los sabios de esos asentamientos humanos ya habían identificado las sustancias psicoactivas  de los hongos, que son aquellos compuestos químicos  que  son  capaces  de modificar el funcionamiento de la mente, como alterar las sensaciones de dolor y placer, el estado de ánimo, la conciencia, la percepción, la capacidad de pensar y de ser creativos, el estado de alerta y otras funciones psicológicas.

Los investigadores de la Revisión histórica de los hongos psilocibios de la Universidad de Hidalgo, en México, sugieren que los hongos desarrollaron las sustancias psicoactivas como defensa para que los depredadores no se los comieran. Y es probable que los humanos descubrieron sus propiedades medicinales al verse forzados a consumirlos en épocas de escasez.

"Pinturas  rupestres creadas en  España  hace  6.000  años sugieren que el hongo Psilocybe hispánica era consumido en el transcurso de ciertos rituales religiosos cerca de Villar del Humo,  municipio  de  la  provincia  de Cuenca,  al   oeste   de   los   pirineos   en   la   comunidad autónoma de Castilla-La Mancha", dijo el estudio.

En América, el culto a los hongos sagrados se extendió desde el valle de México a toda Centroamérica hace al menos 3.500 años. Los  mayas  consumían “K ́aizalaj Okox” Psilocybe cubensis, que los aztecas llamaron Teonanácatl.

Su popularidad en el mundo moderno comenzó cuando el banquero estadounidense R. Gordon Wasson llamó la atención de la comunidad científica y financió numerosos estudios tras consumir hongos mágicos en una ceremonia sagrada azteca en México en 1954.

 

De la psicodelia de los 60 al siglo XXI

Wasson se sintió tan conmocionado por la experiencia que envió en una muestra de los hongos al químico suizo Albert Hofmann, el creador del LSD. El experto logró sintetizar la psilocibina en su laboratorio de la farmacéutica Sandoz y produjo píldoras de 2mg para ser utilizadas en investigaciones científicas.

Miles de dosis de psilocibina fueron administradas en experimentos clínicos durante las décadas de 1950 y 1960 para desarrollar tratamientos para desórdenes psiquiátricos tan diversos como alcoholismo, desórdenes del espectro autista, esquizofrenia, desorden obsesivo-compulsivo y depresión. 

Fuera del contexto clínico, miles de personas usaron los hongos mágicos en rituales religiosos, en procesos de crecimiento personal y para mejorar el bienestar y la creatividad. Los efectos alucinógenos de los hongos no sólo lo causa la psilocibina, sino otras sustancias psicoactivas como la psilocina, baeocistina y norbaeocistina que actúan directamente sobre el sistema nervioso central.

A pesar de los buenos resultados de la psilocibina, Estados Unidos la catalogó como una sustancia controlada tipo 1, junto a la heroína, el LSD, la marihuana, por su "alto potencial de abuso", aunque los estudios médicos descartan que sea una sustancia adictiva. Eso hizo que mermara el interés por los hongos, aunque los científicos no se dieron por vencidos y las investigaciones nunca pararon.

Los resultados de las pesquisas en el 2021 han renovado el protagonismo de la psilocibina como una sustancia que podría ser usada de manera segura y eficaz para preservar la salud mental de millones de personas que sufren depresión y otras dolencias mentales. La muestra del estudio fue pequeña y los hallazgos contundentes: Los 59 pacientes con depresión que tomaron una dosis elevada de psilocibina durante seis semanas experimentaron la misma mejoría que los que tomaron escitalopram, un inhibidor de recaptación de la serotonina que se vende con el nombre comercial de Lexapro.

Lo que sí notaron los investigadores es que el grupo de pacientes que recibió psilocibina mejoró más rápidamente y expresaban una mayor sensación de bienestar, según las conclusiones publicadas en la Revista de Medicina de New England.

 

La expansión de la conciencia de Sofía

Sofía Panyagua es una de las entusiastas que consumen hongos aunque su uso médico no está autorizado. Es una dinámica abogada, escritora y activista costarricense de 25 años con una historia médica de depresión mayor. "He padecido de trastornos depresivos mayores casi toda mi vida. Necesitaba tratamiento farmacológico constante, diario. Y desde que empecé a consumir microdosis (de psilocibina) no he vuelto a tomar antidepresivos del todo", relató Sofía a Lamarca.

Asegura que los hongos no solamente han aliviado los síntomas sino que le han cambiado su manera de entender la vida. Explicó que gracias a ellos ha logrado elevarse a otro nivel de conciencia. "Es como salirse del cuerpo y tener un entendimiento muy natural de muchas cosas. Si sos una persona ansiosa y tu cerebro va a mil por hora, como es mi caso, el cerebro se apaga".

Sofía relató que con los hongos puede experimentar la realidad desde otro ángulo, con la conciencia a flor de piel. Se siente en contacto con ella misma, con sus emociones y sus sentimiento y cosas que antes no entendía ahora tienen un sentido. "El mundo deja de girar y solamente estás vos inmensamente feliz y como en otra dimensión. Aunque también he llorado; pero es un llanto distinto: es un llanto como de impresión, agradecimiento".

Lo que no es fantástico es su aspecto y su sabor. Sofía dice que es algo así como comer cartón amargo. Lo normal es introducirlos en la boca y masticarlos como "palomitas", pero algunos los endulzan con azúcar o dulce de leche para mitigar su amargura. Otro lado negativo del consumo de hongos es que deben ser adquiridos clandestinamente, a través de distribuidores no certificados que venden las microdosis o los hongos enteros.

Aunque en Costa Rica han identificado 15 especies de hongos alucinógenos, su costo ronda los 25 dólares estadounidenses por gramo. Hay personas que sienten todos los efectos con 1 gramo mientras otros necesitan 3 o 4 gramos. Gastar 100 dólares por un viaje psicodélico no es poca cosa, ni siquiera en Costa Rica, el país que tiene el mayor salario mínimo de la región (520 dólares).

 

Lo que no debes olvidar

Los efectos de sustancias psicodélicas como psilocibina varía de persona en persona, pero los usuarios aseguran experimentar cambios profundos en la percepción y la conciencia. Su efecto dura un promedio de 4 a 5 horas, aunque hay quienes afirman que sienten alteraciones durante 8 horas seguidas. El pico ocurre unas dos o tres horas después del consumo.

La psilocibina causa hipersensibilidad sensorial, sensación de que el tiempo se detiene, cambios en la manera de pensar y de hablar y percepciones alteradas de objetos reales o imaginados, que parecen moverse con los ojos abiertos o cerrados.

Los riesgos asociados con las sustancias psicodélicas son psicológicos y no físicos. Los hongos psilocibios son las drogas menos tóxicas que existen. Se han reportado dosis letales en experimentos con animales, pero una muerte atribuida exclusivamente al uso de psilocibina es extremadamente rara.

Los efectos físicos varían de persona a persona pero las reacciones más comunes son las pupilas dilatadas, el aumento de tensión arterial, incremento del pulso cardíaco e intensificación de los estados emocionales. Algunas personas pueden sentir temblores, náuseas y aumento de la sudoración.

Pero algunos consumidores de hongos tienen efectos psicológicos adversos como ansiedad, ataques de pánico, paranoia y bruscos cambios en el estado de ánimo. Las investigaciones señalan que es muy raro que la psilocibina cause efectos farmacológicos a largo plazo y es más probable que las reacciones de los pacientes afectados estén relacionadas con desórdenes psicológicos latentes.

 

La psilocibina no es adictiva

El departamento de Salud de Euskadi explica que los hongos contienen sustancias "que el cuerpo asimila sin dificultad y no se han demostrado capacidades adictivas, aunque sí presenta una tolerancia destacable". En dosis pequeñas y medias los efectos principales van desde la hilaridad, hasta alucinaciones auditivas y visuales, alteración en la percepción del tiempo y espacio, así como una mayor capacidad y libertad de percepción.

No todos los hongos son iguales, así que nunca debes consumir un hongo que consigas en estado silvestre. Los hongos psilocibios no son tóxicos, pero el hongo Amanita phalloides es uno de los más venenosos del mundo. Primero produce fuertes diarreas y luego una insuficiencia hepática mortal.

 

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hongos, alucinógenos, psilocibina

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