Probióticos, prebióticos y postbióticos: ¿Qué son y qué los diferencia?

La función de la flora intestinal es imprescindible para las personas ya que desarrolla funciones esenciales para el organismo. Nuestro sistema digestivo es el órgano que mantiene más contacto con el mundo exterior y es por esto, que está más expuesto a ser atacado por bacterias patógenas externas. Debido a esto, la mayoría de nuestras defensas se encuentran en esta zona, para protegernos. Entre las herramientas de defensa encontramos los componentes de la flora intestinal.

La flora intestinal, también conocida como microbiota, está formada por un conjunto de microorganismos que viven en nuestro intestino. Se compone de aproximadamente cien billones de bacterias beneficiosas para nuestro cuerpo; 95% de estas bacterias se encuentran en el colon. El número de células presentes en el cuerpo humano es diez veces menor en comparación al de bacterias. 

Si la flora intestinal se desequilibra o se altera, la predisposición a infecciones y alergias aumenta drásticamente. Además, esto provocaría también la alteración de la motilidad digestiva llevando a problemas como estreñimiento o malas digestiones. Es por esto, que debemos cuidar nuestra alimentación siempre, evitar los malos hábitos de vida (sedentarismo o estrés), especialmente después de los 60 años que es cuando empieza a descender el número de bacterias beneficiosas. 

Para mantener y cuidar la flora se utilizan los probióticos, prebióticos y postbióticos:

Los probióticos están compuestos por microorganismos vivos y se encuentran como alimento, complemento alimenticio o medicamento. La palabra en sí proviene del griego y significa “a favor de la vida”. Estos microorganismos útiles ayudan a mejorar y mantener la composición de la flora intestinal y, por tanto, del aparato digestivo. 

Además, los probióticos ayudan a reforzar nuestras defensas, mejoran la digestión y la absorción de nutrientes como el calcio. Todo esto en su conjunto llevará a un menor riesgo de padecer trastornos digestivos y otras enfermedades inflamatorias a nivel intestinal e incluso también, a nivel cutáneo.

Los prebióticos en cambio sirven para ayudar al crecimiento del microbiota, como una especie de fibra o fertilizante que estimula el crecimiento de bacterias sanas en el intestino. Estos son sustancias de la dieta, lo podemos encontrar en: la fibra alimenticia, los galactooligaosacaridos, los fructooligosacaridos, la inulina y la lactulosa. Podemos detectar probióticos en algunos alimentos como las alcachofas, patata, ajo, cebolla, puerro, trigo, avena, cebada, plátanos o miel. 

Los prebióticos no se digieren como tal, se fermentan en el colon, favoreciendo la absorción de minerales como el calcio, hierro magnesio o zinc. Además, al aumentar las bacterias beneficiosas en el colon, reducen los niveles de lípidos y actúan como prevención frente a diarrea o estreñimientos.

Nuestra microbiota produce bacterias al igual que los probióticos pero también, ejercen sus funciones produciendo diversos mediadores o factores solubles con acción biológica. Su propio metabolismo les hace producir ciertos productos como ácidos grasos de cadena corta, que ayudan a reforzar la flora intestinal. 

Las sustancias que producen la bacteria como, por ejemplo: enzimas, proteínas, ácidos orgánicos o lípidos, pueden ser liberados y enriquecidos por productos metabólicos. Estos podrán llevar a cabo su función sin que la bacteria esté presente. Este conjunto de componentes producidos por la bacteria se conoce como postbióticos

Se puede encontrar la presencia de postbioticos en muchos productos fermentados. No obstante, debemos tener en cuenta el proceso de producción al que está sometido el producto ya que algunos métodos pueden inactivar el postbiótico.

 

Etiquetas
flora intestinal, probióticos, prebióticos, postbióticos

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